Tahir Shah: El legado de la ciencia árabe
“Al principio, hice lo que la mayoría de la gente hace… Ahorraba dinero y luego hacía un gran viaje, ya fuera a la India, África, a través de las selvas de Sudamérica, o por el Extremo Oriente. No tenía manera alguna de hacer de mis viajes una forma de ganarme la vida; era un sistema… muy básico, casi como el de un recolector-cazador”.
Tahir Shah.
El 9 de noviembre el periodista y escritor anglo – afgano Tahir Shah dictó la cátedra “El legado de la ciencia árabe” en cátedra Bolaño, la presentación estuvo a cargo del periodista nacional Patricio Tapia.
Se trata de un periodista y escritor (ensayista y novelista) de nacionalidad inglesa, origen afgano y residente permanente en Marruecos. Nació en una distinguida familia afgana, es hijo de Idries Shah, el famoso autor y recopilador de historias sufíes y nieto del sabio Sirdar Ikbal Ali Shah.
Tahir Shah ha hecho una serie de viajes, de los que ha dado cuenta en cerca de una decena de libros, a lugares y en condiciones que no son precisamente turísticos, publicando obras como “El aprendiz de brujo” (2000), “Un rastro de plimas” (2002) y “La mansión del califa” (2008), entre otros. Además, el escritor ha desarrollado su interés por la fotografía, la escritura de guiones y la realización de documentales, los que han sido exhibidos por canales como National Geographic o The History Channel y colaboraciones con periódicos como el Washington Post.
Este escritor pertenece a una familia de contadores de historias, es un viajero de lugares indescifrables, pero aún más, es heredero del pensamiento y la cultura árabe y el día de la Cátedra Bolaño nos regaló una presentación llena de sentido histórico, poniendo en la palestra varios puntos de observación dentro de los elementos literarios: La mezcla de culturas, La hibrides, El encuentro o choque de culturas antónimas, Realidad o ficción, y así una infinidad de títulos que dan cabida a diversos estudios sobre lo literario.
En sus viajes por los más diversos y variados rincones del mundo, logra evidenciar que existe una fractura en la historia del conocimiento humano que impide reconocer el tremendo legado que oriente ha tenido en el desarrollo de occidente y sus civilizaciones y culturas.
Por ejemplo, Tahir Shah sostiene que la tradición grecorromana del pensamiento es la culpable de esta nebulosa que existe y que no permite reconocer de qué importante forma el desarrollo intelectual árabe fue determinante en el florecimiento de occidente.
El conferencista, apoyándose en algunos ejemplos, nos trae al recuerdo que fue en oriente donde se inventó la escritura y el papel, agrega que desde la caída del Imperio Romano (476 d.C.), hasta los primeros años del Renacimiento (siglo XV), el desarrollo intelectual de los árabes permitió el perfeccionamiento del legado de los griegos y romanos con la invención del número cero, la formación de los primeros hospitales, además del uso de metales y químicos como la destilación del alcohol. En la llamada Época de Oro de la cultura árabe también sentaron las bases de lo que hoy conocemos como músico – terapia, la odontología, la cosmética (con la incorporación del jabón), las primeras cesáreas y los estudios sobre la circulación sanguínea.
Tahir Shah, estando muy al tanto de la historicidad oriental antes mencionada, escribe Un rastro de plumas y La casa del rey Tigre donde Historia y Literatura forman un producto uniforme. En ambos libros encontramos elementos que conviven pero que pertenecen a conjuntos antagónicos, como dijo Patricio Tapia en su notable presentación de Tahir Shah: “En ambos libros, llenos de aventuras y gente extraña, aparece un guía, veterano de Vietnam y adicto a los alucinógenos.
También decidirá encontrar las legendarias minas del rey Salomón. Diversas pistas lo llevan a buscarlas en Etiopía. Allí recorre zonas rurales, duerme en moteles, se desliza en minas ilegales, aprende cosas útiles (como que las prostitutas exigen a sus clientes que se laven con Coca Cola para prevenir el SIDA) y conoce gente nuevamente extraña: como un hombre que alimenta de su mano a las hienas cada noche para que ellas no se lleven a los niños del pueblo o al duro jefe de una caravana de sal que llora desconsoladamente cuando debe sacrificar uno de sus camellos”.




















