Fernando Ampuero: Decálogos para asesinar al monstruo

Los escritores enfrentamos siempre a un monstruo que llevamos dentro, ese monstruo que, las más de las veces, nos revela lo que debemos hacer: escribir y representar la vida desde la atalaya que mejor nos parezca; escribir y conectarnos con nuestro abismo personal, o con el abismo del otro. O bien: escribir para comprendernos; escribir para indignarnos; escribir para embelesarnos. Hay muchas formas de matar al monstruo, pero todas, mal que bien, requieren de una voluntad y de una cierta locura organizada.

Fernando Ampuero.

El miércoles 7 de septiembre el escritor peruano Fernando Ampuero dictó la conferencia “El proceso creativo y los decálogos literarios” en Cátedra Bolaño. La presentación estuvo a cargo del escritor Jaime Collyer.

¿Por qué escriben los escritores y cómo lo hacen? Estas son, según Ampuero, dos preguntas fundamentales que los escritores con frecuencia se hacen a sí mismos. Son, además, las dos preguntas más típicas realizadas  en las entrevistas a lo escritores. Al parecer el qué y el cómo de la escritura son dos temas que despiertan mucha curiosidad. ¿Cuáles son las respuestas a estas clásicas interrogantes?

Los escritores, me parece, escriben para construir una mirada y, a través de ella, comentar la existencia humana y, en algunos casos, dar sentido a su propia vida (…) El escritor escribe con rabia, con placer, con rigor, con una angustia infinita. En cualquiera de estos casos, y en los de muchos otros,  se necesita disciplina. El oficio de la escritura demanda sentones de incontables horas atornillados a un escritorio.”

Escribir, para Ampuero, es construir una determina visión propia y del mundo. Es también pelear con las palabras, corregir y rehacer. Es un oficio meticuloso que debe ser pulido constantemente, pensado, calculado. Para Ampuero un escritor pasa más tiempo e invierte más energía en reescribir que en escribir.

La mayor invención de la humanidad, su más grande creación, es el lenguaje:

El lenguaje, y la gran capacidad de abstracción que demandó trasladar el habla a los signos de una escritura, cimentaron al cabo las bases de la evolución de nuestra especie, y además nuestra comunicación, la memoria de las experiencias acumuladas, y, en lo que mucho más tarde hemos dado en llamar escritura creativa, una forma de conocimiento y de belleza.”

Sin embargo, al momento de escribir, hay muchas preguntas que surgen en la cabeza del escritor y que no parecen, en la mayoría de los casos, tener respuestas simples: “¿qué voy a escribir?, ¿Cuáles son las reglas básicas para escribir ficción? ¿Cómo saber la forma adecuada que corresponde al contenido que he elegido?”. Existen, ante estas muestras de incertidumbre, una suerte de fórmulas que el escritor y periodista peruano considera indispensables: los decálogos literarios. Existen cientos de estos decálogos, pues cada escritor tiene el suyo. El propio Ampuero reconoció tener uno que sigue con cuidado y obediencia, aún después de varias obras publicadas y muchos años en el oficio de escribir. Antes de revelar sus propios métodos, nuestro invitado recordó algunos decálogos (o criterios) de importantes figuras de la literatura:

Faulkner decía que “si el escritor está obsesivamente interesado en la técnica debería dedicarse a la cirugía o la ingeniería”; para Borges La felicidad no debe requerir un esfuerzo. Si leemos algo con dificultad, el autor ha fracasado”; para Buffon, “el estilo es el hombre”, lo que supone una manera de ser (decir), de ver (visión narrativa) y de pensar. Un mandamiento del decálogo de Juan Carlos Onetti es “no sacrifiques la sinceridad literaria a nada. Ni a la política, ni al éxito. Escribe siempre para ese otro, silencioso e implacable, que llevamos dentro y que no es posible engañar”, aunque el mismo Onetti señaló después “miente siempre”, para Ampuero las reglas de Onetti no se contradicen, pues quiere decir que debes ser auténtico mientras estés inventando. Para García Márquez es fundamental escribir una buena e irrefutable primera línea, pues considera que “es más fácil atrapar a un conejo que a un lector”.

Para Fernando Ampuero, cada escritor debe intuir la forma de entregarnos el libro que tiene pensado: matar al monstruo. Aquí es donde interviene el lector:

“Encargado de certificar la defunción del monstruo y de sentenciar si el autor lo mató como es debido. (Me refiero al lector puro, ese ser honesto e insobornable). Si el escritor consigue su propósito, estamos ante una nueva meta: superarnos. Si no lo consigue, no debe desalentarse: los fracasos son buenos maestros, y, cuando la vocación está bien arraigada, nos ayudan a perseverar.”

El decálogo del escritor peruano recibe el nombre de “Decálogo del Cuentista Hechicero”. Para terminar la conferencia, Ampuero reveló sus doce mandamientos, entre los que cuentan los siguientes:

1)Los cuentos empiezan siempre con un respingo o un sobresalto, gracias a algo (o alguien) que nos deslumbra repentinamente, ya sea en medio de una charla de amigos o mientras conducimos el auto, solos y en silencio. Allí, en ese trance, si logramos pescar bien la idea, vemos generalmente todo.

3) Escribir exige asumir riesgos. Un buen escritor conoce sus límites e intenta desbordarlos. El peligro está en no correr riesgos.

10) Recuerda siempre que tu deber es emocionar al lector con una mentira que él leerá a sabiendas. Debes dar respaldo a esa confianza.

11) Los decálogos literarios no son los rieles de un tren, sino a lo sumo las nerviosas agujas de una brújula. La buena literatura es un milagro.

12) Escribe a diario. Y corrige a diario. “Con resaca o sin resaca”, tal como aconsejaba Hemingway acerca de este oficio de hechiceros.

Conferencia de Cristian Alarcón

En agosto de 2011, Cristian Alarcón dictó la conferencia “Crónica, memoria y ficcción: vuelve, ya no será lo mismo” en Cátedra Bolaño.

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Cristian Alarcón: Regresar es volver al futuro

El recuerdo siempre es ambivalente, siempre se dispara hacia un detalle del que no estamos convencidos, aunque el convencimiento nos haya empujado al destino que tuvimos. Y entonces, cuando vuelvo a escribir, cuando vuelva a hacerlo, no ya para ustedes sino para otros, cuando diga lo que digo sin volver a decirlo, el recuerdo ya no será crónica, el recuerdo de todos, y el mío propio, será ficción.

Cristian Alarcón

El miércoles 24 de agosto el escritor Cristian Alarcón dictó la conferencia “Crónica, memoria y ficción: vuelve, ya no será lo mismo” en Cátedra Bolaño. La presentación estuvo a cargo del periodista Antonio Díaz Oliva.

Este escritor y periodista chileno que creció en Argentina, terminó de escribir el texto de la conferencia minutos antes de su presentación en Cátedra Bolaño. Terminó el texto narrando sus últimas horas y minutos en Chile, describiendo la marcha estudiantil que se llevaba a cabo ese día en Santiago, de la mano con el paro nacional:

“Con la marcha detenida mientras comienzan a tocar los grupos invitados, frente a la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Chile, el vapor de las cien mil bocas que parecen respirar acompasadas, cubre a la multitud de una espesa bruma. Es el frío del día más frío del año. Nieva en Santiago y ellos están allí sin moverse. Una nena con la cara llena de piercings recibe un llamado. Escucha. Corta. “De mi colegio llamaron a mi papá”, cuenta. “Le preguntaron si sabía dónde yo estaba, les dijo que en el colegio. Pero no. Ahora estoy castigá”. Sus amigos se ríen y la rodean para apretujarla. Se viene un pogo general de paraguas.”

A raíz de este presente, de este Chile con el que se encontró, Alarcón revisó su historia y leyó una crónica formada de recuerdos del Chile que dejó atrás cuando era apenas un niño y del Chile que tantas veces trató de reconstruir durante su juventud:

“El dolor del destierro duró mucho: creo que hasta los veintitantos. Ya en la universidad casi convenzo a mi novia de la juventud de venirnos juntos a Chile; todo lo que quería, lo que siempre quise, fue volver. Todas las lecturas de la niñez habían sido búsquedas del tesoro, y todas las de la adolescencia habían sido una búsqueda del volver (…)”


Cristian Alarcón creció añorando una idea de Chile, necesitando respuestas acerca de ese país devastado por el golpe de estado, buscando ese lugar mítico y real que se grabó en su memoria para siempre y que se convirtió en una gran incógnita en su vida adulta. Así, el escritor viajó a reconstruir los pasos de su infancia y a encontrarse con los personajes de una historia que necesitaba rearmar, o al menos dibujar en su cabeza como un mapa y contarla luego para otros y para él mismo:

“Era un niño cuando nos refugiamos en la Patagonia argentina. Hasta ese momento, un junio frío como la niebla, había vivido al cuidado de una nana, mi nana, una joven campesina venida del pueblo de Liquiñe. Se llamaba –¿se llama?– María Valencia. Aunque yo le había inventado un nombre. Le decía Yeya, mi Yeya (…) María amaba al Comandante Pepe, el líder de los campesinos y obreros madereros de Neltume que a principios de octubre de 1973 fue fusilado por la Caravana de la Muerte junto a otros 11 militantes del MIR en el regimiento de Valdivia.”

A través del recuerdo de María Valencia, Alarcón se dedicó a recorrer las calles de un pasado misterioso y melancólico. Antes de su viaje, pasó todo un verano investigando la gesta, esa historia de fundos y guerrilleros heroicos que terminó con el fracaso del MIR ante la opresión de la dictadura.  Después de investigar, Alarcón cruzó la cordillera y se reunió con algunos de esos antiguos militantes luchadores y se dedicó a escuchar con atención lo que tenían que decir.

Después de reconstruir la memoria de algunos y la suya propia, el escritor volvió al presente, a los gritos en las calles, a los cantos, a la nueva lucha y dijo finalmente:

“Parece que regresar es volver al futuro. La mujer que recuerda las luchas perdidas, la sobreviviente, su amiga, los soldados campesinos, los que quisieron cambiar el mundo de pronto pueden creer en su descendencia. Los hijos están allí, caminan justo ahora por la Alameda. Por eso podemos volver, porque ya no será lo mismo.”

Conferencia de Fernando Ampuero

Conferencia de Hebe Uhart en Cátedra Bolaño

En agosto de 2011, Hebe Uhart dictó la conferencia “¿Para qué le sirve Simone Weil a los escritores?” en Cátedra Bolaño.

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Conferencia de Julio Ortega en Cátedra Bolaño

En junio de 2011, Julio Ortega dictó la conferencia “Biografía literaria de la narrativa latinoamericana” en Cátedra Bolaño.

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El escritor y realizador de documentales Tahir Shah en Cátedra Bolaño

El jueves 27 de octubre el escritor inglés Tahir Shah dictará la conferencia “El legado de la ciencia árabe” en Cátedra Bolaño. La presentación estará a cargo del periodista Patricio Tapia y tendrá lugar en el Auditorio de la Facultad de Comunicación y Letras (Vergara 240, metro Los Héroes) a las 11:30 horas.

Fotografía del blog tahirshah.com

Tahir Shah.

Cuando Tahir Shah tenía 11 años, vivía junto a su familia en un pequeño pueblo inglés. Un día, apareció en su casa un hombre llamado Hafiz Jan. Este personaje cambiaría por completo su destino. Hafiz era parte de una familia que, durante varias generaciones, había cuidado la tumba de un antepasado de Shah. Una tarde se presentó en casa de la familia Shah diciendo que había tenido un sueño con aires de premonición, en el que el niño Tahir moría de una manera violenta y deshonrosa. Por esa razón, Hafiz se instaló en la casa de los Shah para cuidar del niño y protegerlo de ese horrible destino. Hafiz resultó ser un talentoso mago y mantuvo deslumbrado a Tahir hasta el día en que regresó a la India. Fue a raíz de este personaje de su pasado que, veinte años después, Tahir emprendió la travesía por la India que más tarde daría vida al libro  “El aprendiz de brujo: viaje a la India mágica” (2000).

No hay nada más interesante para Tahir Shah, que descubrir aquello que se esconde bajo la superficie turística de los remotos destinos que visita y sobre los cuales ha escrito más de una docena de libros. Sus recorridos por África, Asia y América han sido publicados en numerosas ediciones y traducidos a diferentes idiomas. Además, este escritor y periodista de origen afgano, nacido en Londres en 1966, es un reconocido fotógrafo, realizador de documentales, guiones cinematográficos y un experto en estudios interculturales.

Actualmente vive en Marruecos, donde escribió su libro “La mansión del califa: nuestro primer año en Casablanca”. Además es conocido por escribir introducciones, artículos académicos y críticas de libros para importantes diarios, como el Washington Post. Sus libros han sido traducidos a varios idiomas y sus documentales se han transmitido en National Geographic, Channel 4, Five y The History Channel, además han sido presentados en diversas salas de cine alrededor del mundo.

Sus historias son conocidas por la exactitud de sus narraciones y el humor agudo que las acompaña. Entre sus libros destacan: “El aprendiz de brujo: viaje a la India mágica” (2000), “Un rastro de plumas: en busca de los hombres pájaro del Perú” (2002),  “La mansión del califa: nuestro primer año en Casablanca” (2008), “En busca de las minas del rey Salomón”(2003) y “La casa del rey tigre” (2005).

Hebe Uhart: Enfrentar el vacío para escribir

Un método para comprender las imágenes, los símbolos, lo real en general, es no interpretarlos, sino simplemente mirarlos hasta que de ellos brote la luz.

Simone Weil.

El martes 9 de agosto la escritora argentina Hebe Uhart dictó la conferencia “¿Para qué le sirve Simone Weil a los escritores?”. La presentación estuvo a cargo de la escritora Alejandra Costamagna.

Lo primero que dejó claro Hebe Uhart en la conferencia, fue que Simone Weil fue una mujer fascinante, compleja y muy difícil de definir.

¿Quién fue Simone Weil? A grandes rasgos, fue una filósofa francesa que nació en Paris en 1909 y murió muy joven, apenas a los 34 años. En su corta vida escribió varios libros memorables, como “La fuente griega”, donde analiza, entre otros temas, la guerra; “La gravedad y la gracia”, en el que se ocupa de la condición humana reducida al reino de la necesidad y su difícil suspensión; “Diario de Fábrica”, en el que consigna sus vivencias durante una experiencia como obrera de una línea de montaje, para probar en sí misma la condición de operaria; “Raíces del existir”, donde muestra sus grandes conocimientos históricos sobre Grecia, Roma y la historia europea en general.

Principalmente podemos decir que para Uhart, Simone Weil fue una mujer que se ocupó de la condición humana en sus múltiples aspectos.

En esta conferencia la pregunta era: ¿para qué sirve Simone Weil a los escritores? Para contestar, Hebe Uhart revisó algunos temas puntuales sobre los que la filósofa francesa reflexionó:

-Alegría.

Dijo Weil que “La alegría no es otra cosa que el sentimiento de la realidad”. Esta afirmación avala la manera relativa en que nos conectamos con los objetos y con el entorno cuando estamos felices. La misma realidad es observada con ojos diferentes según el estado de ánimo en que nos encontremos. La tristeza y la depresión producen una perspectiva escéptica. Conrad coincide en esto con Weil y al filo del año 1900, dice:

Veo que muchos jóvenes están escribiendo con una perspectiva escéptica. Por algún motivo, esta forma de ver el mundo produce en quien lo tiene una suerte de superioridad que  conspira  contra la excelencia de la obra”.

Hebe Uhart recordó, a partir de estas palabras, a su tía María, una “mujer demente”, que decía: “Me quitaron la madre, la llave, la cacerola”. Para la escritora esto parece un disparate, pero se entiende  desde la pérdida de lo real: no tiene acceso a la madre, a las cosas, al alimento. Muestra una tristeza profunda, la desolación de aquellos que se quedan sin piso.

Ante las situaciones que producen tristeza o depresión, se tiende a buscar una compensación imaginaria y como dijo Uhart: “Son compensaciones negadoras de la pérdida, esta sólo puede superarse conectándose con el dolor de la pérdida y no con la imaginación compensatoria. La imaginación compensatoria funciona en el arrepentimiento”.

El arrepentido cree que existe un obstáculo exterior que no le permite realizar algún deseo o ideal del yo imaginario.

-Realidad.

Dice Weil: “Negarse a aceptar un acontecimiento del mundo es lo mismo que desear que el mundo no exista”. A raíz de esta idea, Uhart recordó como en Buenos Aires se niega la existencia de una persona cuando no se quiere saber nada de esta, es decir, cuando se siente rabia o molestia hacia esa persona, la gente dice “¿Fulanito? ah, ese no existe”. La imaginación colmada de vacíos realiza ejercicios de deseo de negación o cambios en la realidad: se desea que sea más tarde de lo que es en realidad, se desea que la semana esté finalizando, se desea que determinada situación sea diferente. Mientras menos se soporte una realidad, hay mayor necesidad de negación de esta y por lo tanto hay también menos alegría.

Simone Weil dijo: “La prueba de lo real es la necesidad siempre y en cualquier ámbito de la realidad”. Para Uhart, el mundo entero está sujeto a necesidades. Podemos imaginar cualquier cosa respecto a nuestra realidad, pero es una imaginación que llena vacíos, temores, vanidades. En palabras de la escritora “el desplazamiento de un sitio a otro implica camino necesario”.

¿Para qué sirve todo esto al escribir? Mientras menos cosas no se soporten, más empobrecido se vuelve el mundo real de una persona. Por esto, para Uhart, al escribir es necesario lograr un estado sin entusiasmos ni bajones extremos:

El bajón me da la mirada depresiva  y el entusiasmo extremo hace que escriba como si estuviera borracho o drogado. Escribir supone un acompañamiento del sujeto por sí mismo, un tenerse paciencia y, si se puede, un ánimo parejo. El ánimo disparejo (iras, miedos, deseos constantes)  hace que carezca de continuidad interna, vengo a ser como una colcha de retazos.”

-Atención.

Dice Weil: “En el ámbito de la inteligencia, la humildad no es otra  cosa que la atención”. Lo que hace, según la escritora argentina, es oponer la atención a la voluntad. “Por cada momento de atención –dice S. Weil– se obtiene un leve ascenso, lo mismo que por cada acto realizado con esa atención.”

Observar lo que hay afuera, soportar el vacío y poner atención, eleva y permite contemplar sin interpretar:

Cuanto más atención pongo al asunto en cuestión, más profundidad–señaló Uhart- y van ejemplos, como la crónica de Clarice Lispector sobre una mujer que va pintarrajeada a una fiesta. De manera superficial diríamos “Ridícula”, “Loca”, “Desubicada”. Pero ella la miró a otro nivel y la pintó como tímida, tiene miedo de atravesar un salón a cara desnuda, la pintura actúa como contrafobia. Ese cuento de Lispector me enseñó algo nuevo sobre ese tipo de mujer muy pintada.”

Dirigir la atención hacia algo es un aprendizaje que está ligado a aprender a enfrentar el vacío. Este es diferente en cada caso individual, pues es, de alguna manera, la representación de un temor propio. Para Uhart por ejemplo, este vacío se encuentra en los tiempos muertos, en las esperas prolongadas y en la falta de paciencia para manejarlos.

Para cerrar la conferencia, la escritora hizo énfasis en la falta de espacio y tiempo para desarrollar un tema tan profundo y extenso y se despidió reconociendo en esta insuficiencia, la amplitud de los beneficios que trae la mirada de Weil al oficio de escribir:

Queda mucho en el tintero, me falta espacio. En el caso de Simone Weil, todo lo que dice, aunque no esté directamente referido a la escritura me sirve para escribir, me levanta el nivel del ánimo y me hace sentir mejor persona.”

Julio Ortega: La construcción de un interlocutor

“El horizonte de la lectura está formado de varios espacios. Lo que hay en la lectura es la construcción de un lector. O sea, cuando alguien dice “yo” en realidad postula un “tú”. Nadie dice “yo” como una reafirmación, sino como una postulación de un interlocutor. Es fascinante ver como hay muchos yos en un autor, no porque esté esquizoide, sino porque simplemente hay varios interlocutores.”

Julio Ortega.

El 29 de junio el crítico peruano Julio Ortega dictó la conferencia “Biografía literaria de la narrativa latinoamericana”. La presentación estuvo a cargo del escritor Arturo Fontaine, para quien en Ortega subyace la sentencia de Guaman Poma: “La lengua y la escritura son el arma más poderosa de un pueblo”.

Para el crítico peruano, la conferencia fue un talk in progress de su próximo proyecto: un libro, un relato sobre la relación especulativa entre la vida de un autor y su obra, a partir de algunos detalles de los cuales ha sido testigo. A raíz de esto, Ortega se propone plantear una hipótesis puntual: quizás la literatura tiene forma de biografía y lo que alguien escribe tiene, finalmente, la forma de su propia vida. La postulación para Ortega sería “no conocer mejor y más al autor por su obra, sino encontrar el enigma de esas articulaciones posibles”.

Así, a lo largo de la charla el crítico revisó varios casos particulares que le resultaron interesantes y que de una u otra forma han motivado este nuevo proyecto. Al leer a Rubén Darío, por ejemplo, descubrió que casi todo lo que había escrito, lo hizo reaccionando a alguna lectura o lector. Por ejemplo, un profesor se burló de su métrica cuando Darío era pequeño y años después este escribió una suerte de respuesta, demostrando la calidad de su métrica. La poesía de Darío, por ser moderna, se construye como una biografía de la lectura.

En América latina existe desde siempre la postulación de un tú a partir de un yo para un diálogo moderno, es decir, democratizador. Para Ortega,  los sujetos lectores o interlocutores que postulan los grandes clásicos latinoamericanos son tres:

-Martí, que pensaba que del campo saldría un hombre decente, noble e íntegro. Todo lo contrario del hombre de ciudad.

- Sarmiento, que en oposición a Martí, pensaba que el hombre del campo era la clientela de la barbarie. Para él, el hombre del futuro sería más bien el hombre de ciudad, pues este  es moderno, lee, es culto y vive en las grandes ciudades.

- Bello, que pensaba que el hombre republicano, el sujeto del futuro iba a nacer de las instituciones. Creía que sin estas no habría nunca un verdadero sujeto.

Así, tenemos al sujeto que sale del campo, que representa una idea algo romántica; el que sale de la ciudad, que es una visión muy modernista y el que sale de las instituciones, que es muy realista y educativa. Pero luego sucede que la construcción de este lector moderno sigue en la literatura latinoamericana y va a haber un largo proceso para construir un sujeto que sale de las regiones (ni de los estados, ni de los países, ni de las instituciones).  El más grande exponente de esta visión es José María Arguedas, quien tuvo siempre un dilema al momento de escribir entre su quechua natural y el español adquirido. Eventualmente, con “Los ríos profundos” Arguedas encuentra la manera de escribir en español con el quechua como sustrato:

Este no era un problema lingüístico, porque habría sonado falsa una imbricación de dos lenguas, o folclórica. Lo que hizo este escritor fue interpolar el quechua y el español, aunque estaba todo escrito en español.”

Lo que hace Arguedas es escribir en una lengua española inventada por él. Para Ortega, Arguedas crea una metáfora. Lo que quiere decir es que la lengua del sujeto nuevo, que está creándose desde los albores de la república y quizás antes, debe ser plurilingüe:

“Es una metáfora extraordinaria, la postulación de Arguedas es que ese sujeto moderno parece el más tradicional, porque es semi indígena, pero es el más moderno, porque lo moderno es la mezcla y esta es una lección del Inca Garcilaso y de los intelectuales indígenas de México y del Perú. Lo moderno es la mezcla, lo tradicional es el autoritarismo, que es por ejemplo la expulsión de los judíos, la expulsión de los moros, etcétera. Todo eso es lo tradicional y es antimoderno. Entonces, el español que hemos recibido, postulan estos escritores, viene de un sistema autoritario y la lengua que hablamos está cargada de machismo, racismo, xenofobia y autoritarismo, porque es una lengua que no ha vivido espacios democráticos, tiempos democráticos.”

Ese sería el caso de Arguedas como escritor de la región. El ciudadano que crea esta región sería el que está incorporado a la sociedad, no marginalizado de ella.

Todo esto remite a la gran lección cervantina: cuestionar el lenguaje natural para crear un lenguaje posibilista. La literatura saca de las entrañas ese lenguaje represivo y postula el lenguaje posibilista como una metáfora de libertad, democratización, diálogo, modernidad.  Para Ortega, Cervantes será para siempre el escritor más moderno que tenemos, quizás con Borges, porque, como señaló el crítico peruano,  para decir la verdad se necesita un loco y eso es un gesto crítico de las instituciones y de la verdad dominante.

El Quijote de Cervantes sigue siendo lector hasta la muerte. Es un producto de la lectura, absolutamente moderno. Borges dice que a Cervantes le cuesta decir que su Quijote a muerto, porque es difícil para él despedirse. El Quijote es su amigo y es un amigo para siempre, pues estamos seguros de que cada vez que lo veamos, tendremos una gran conversación con él. Es aquí, en esta idea, donde justamente se resume todo el concepto de la construcción de un sujeto lector, uno que se convierte inevitablemente en interlocutor.

Conferencia de Cristian Alarcón

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