Fernando Ampuero: Decálogos para asesinar al monstruo
Los escritores enfrentamos siempre a un monstruo que llevamos dentro, ese monstruo que, las más de las veces, nos revela lo que debemos hacer: escribir y representar la vida desde la atalaya que mejor nos parezca; escribir y conectarnos con nuestro abismo personal, o con el abismo del otro. O bien: escribir para comprendernos; escribir para indignarnos; escribir para embelesarnos. Hay muchas formas de matar al monstruo, pero todas, mal que bien, requieren de una voluntad y de una cierta locura organizada.
Fernando Ampuero.
El miércoles 7 de septiembre el escritor peruano Fernando Ampuero dictó la conferencia “El proceso creativo y los decálogos literarios” en Cátedra Bolaño. La presentación estuvo a cargo del escritor Jaime Collyer.
¿Por qué escriben los escritores y cómo lo hacen? Estas son, según Ampuero, dos preguntas fundamentales que los escritores con frecuencia se hacen a sí mismos. Son, además, las dos preguntas más típicas realizadas en las entrevistas a lo escritores. Al parecer el qué y el cómo de la escritura son dos temas que despiertan mucha curiosidad. ¿Cuáles son las respuestas a estas clásicas interrogantes?
“Los escritores, me parece, escriben para construir una mirada y, a través de ella, comentar la existencia humana y, en algunos casos, dar sentido a su propia vida (…) El escritor escribe con rabia, con placer, con rigor, con una angustia infinita. En cualquiera de estos casos, y en los de muchos otros, se necesita disciplina. El oficio de la escritura demanda sentones de incontables horas atornillados a un escritorio.”
Escribir, para Ampuero, es construir una determina visión propia y del mundo. Es también pelear con las palabras, corregir y rehacer. Es un oficio meticuloso que debe ser pulido constantemente, pensado, calculado. Para Ampuero un escritor pasa más tiempo e invierte más energía en reescribir que en escribir.
La mayor invención de la humanidad, su más grande creación, es el lenguaje:
“El lenguaje, y la gran capacidad de abstracción que demandó trasladar el habla a los signos de una escritura, cimentaron al cabo las bases de la evolución de nuestra especie, y además nuestra comunicación, la memoria de las experiencias acumuladas, y, en lo que mucho más tarde hemos dado en llamar escritura creativa, una forma de conocimiento y de belleza.”
Sin embargo, al momento de escribir, hay muchas preguntas que surgen en la cabeza del escritor y que no parecen, en la mayoría de los casos, tener respuestas simples: “¿qué voy a escribir?, ¿Cuáles son las reglas básicas para escribir ficción? ¿Cómo saber la forma adecuada que corresponde al contenido que he elegido?”. Existen, ante estas muestras de incertidumbre, una suerte de fórmulas que el escritor y periodista peruano considera indispensables: los decálogos literarios. Existen cientos de estos decálogos, pues cada escritor tiene el suyo. El propio Ampuero reconoció tener uno que sigue con cuidado y obediencia, aún después de varias obras publicadas y muchos años en el oficio de escribir. Antes de revelar sus propios métodos, nuestro invitado recordó algunos decálogos (o criterios) de importantes figuras de la literatura:
Faulkner decía que “si el escritor está obsesivamente interesado en la técnica debería dedicarse a la cirugía o la ingeniería”; para Borges “La felicidad no debe requerir un esfuerzo. Si leemos algo con dificultad, el autor ha fracasado”; para Buffon, “el estilo es el hombre”, lo que supone una manera de ser (decir), de ver (visión narrativa) y de pensar. Un mandamiento del decálogo de Juan Carlos Onetti es “no sacrifiques la sinceridad literaria a nada. Ni a la política, ni al éxito. Escribe siempre para ese otro, silencioso e implacable, que llevamos dentro y que no es posible engañar”, aunque el mismo Onetti señaló después “miente siempre”, para Ampuero las reglas de Onetti no se contradicen, pues quiere decir que debes ser auténtico mientras estés inventando. Para García Márquez es fundamental escribir una buena e irrefutable primera línea, pues considera que “es más fácil atrapar a un conejo que a un lector”.
Para Fernando Ampuero, cada escritor debe intuir la forma de entregarnos el libro que tiene pensado: matar al monstruo. Aquí es donde interviene el lector:
“Encargado de certificar la defunción del monstruo y de sentenciar si el autor lo mató como es debido. (Me refiero al lector puro, ese ser honesto e insobornable). Si el escritor consigue su propósito, estamos ante una nueva meta: superarnos. Si no lo consigue, no debe desalentarse: los fracasos son buenos maestros, y, cuando la vocación está bien arraigada, nos ayudan a perseverar.”
El decálogo del escritor peruano recibe el nombre de “Decálogo del Cuentista Hechicero”. Para terminar la conferencia, Ampuero reveló sus doce mandamientos, entre los que cuentan los siguientes:
1)Los cuentos empiezan siempre con un respingo o un sobresalto, gracias a algo (o alguien) que nos deslumbra repentinamente, ya sea en medio de una charla de amigos o mientras conducimos el auto, solos y en silencio. Allí, en ese trance, si logramos pescar bien la idea, vemos generalmente todo.
3) Escribir exige asumir riesgos. Un buen escritor conoce sus límites e intenta desbordarlos. El peligro está en no correr riesgos.
10) Recuerda siempre que tu deber es emocionar al lector con una mentira que él leerá a sabiendas. Debes dar respaldo a esa confianza.
11) Los decálogos literarios no son los rieles de un tren, sino a lo sumo las nerviosas agujas de una brújula. La buena literatura es un milagro.
12) Escribe a diario. Y corrige a diario. “Con resaca o sin resaca”, tal como aconsejaba Hemingway acerca de este oficio de hechiceros.





















