Conferencia de Francisco Goldman
En octubre de 2010, Francisco Goldman leyó un fragmento de su libro de amor y duelo “Say her name” en Cátedra Bolaño.
En octubre de 2010, Francisco Goldman leyó un fragmento de su libro de amor y duelo “Say her name” en Cátedra Bolaño.
El 25 de noviembre el editor y crítico español Constantino Bértolo dictó la conferencia “Novelas, dinero y capital simbólico”. La presentación estuvo a cargo de la editora Andrea Palet quién señaló que “La tarea del editor es fertilizar el suelo. Leer es un afán solitario, pero hacer libros es una responsabilidad social. Porque necesitamos ver el humo que avisa dónde está el fuego, y acabar con la propiedad privada de las palabras. Creo que Constantino Bértolo lo tiene claro”
Bértolo comenzó la cátedra delimitando el contenido y el alcance de los tres conceptos planteados en el título de la conferencia: Novela, dinero y capital simbólico.
La novela, según la definición personal de Bértolo, es “aquel texto literario construido por la sucesión, cronológica o no, de un entramado de sucesos de interés humano a través del cual alguien argumenta sobre un conflicto que tiene lugar en un espacio social durante el transcurso de un tiempo determinado”.
El dinero es un bien particular que sirve como medio general de intercambio. Encarna un acto de fe, a través del cual podemos comprar tiempo de trabajo ajeno o el fruto de la mercancía de este.
Por último, El capital simbólico consiste en una posesión no directamente material ni económica. Se trata, por ejemplo, de la autoridad, el prestigio, la reputación, el crédito, la fama, la honorabilidad, el buen gusto, etc.
Para hablar de estas tres cosas como elementos narrativos, el editor español escogió tres novelas: La educación sentimental de Gustave Flaubert, Lo real de Belén Gopegui y La deuda de Rafael Gumucio.
La educación sentimental, catalogada como “la novela psicológica de la desilusión”, narra la historia de Frédèric, un joven que se obsesiona con una mujer casada de una clase social más alta que la suya. A través de este amor, el joven se obsesiona también con pertenecer a ese cerrado círculo social. El protagonista quiere el amor de Madame Arnoux más por un ansia social que física. Para merecer su amor, debe ocupar un lugar en la alta sociedad. Bértolo analiza la relación de esta ansia profunda de Frédèric con el dinero en el libro y señala: “Es la renta económica la que modela las estructuras del sentir, la que sostiene o desequilibra la acumulación de capital simbólico, la que determina las fronteras entre las expectativas posibles y las patéticas fantasías de quien sueña despierto”.
Flaubert parece proponer: a más fortuna más materialismo en las expectativas o lo que es lo mismo: a más pobreza más necesidad de idealismo.
Por otro lado, Lo real habla sobre el dinero como escalera para alcanzar un objetivo social, político o cultural. El protagonista, Edmundo Gómez, es hijo de un padre acusado de corrupción durante el franquismo, quien no tuvo las influencias necesarias para librarse de la cárcel. Edmundo aprendió pronto que el yo es un pronombre de dudosa importancia y que el carácter o el fondo de la persona, cuentan menos que su posición social y económica. Desde joven, se construye una carrera profesional basada en mentiras, es decir, en su talento como impostor.
Dice Bértolo: “para estar a la altura de la consignas tendrá que aprender a desear y necesitar acumular capital simbólico suficiente a pesar de partir de unas condiciones económicas muy poco favorables después de la ruina y cárcel de ese padre que, eso sí, funcionará siempre como poderosa imagen de lo que quiere llegar a ser”.
En Lo real el dinero no juega en el primer plano y sin embargo detrás de cada postura o de cada impostura es el que marca las reglas. Edmundo se convierte en un impostor, se inventa todo un capital simbólico, utiliza el dinero contra el dinero. Esa es la singularidad económica con que rige su vida y con la que se rige la lógica narrativa del libro.
La deuda cuenta la historia de Fernando Girón, propietario y Director de una productora que en el Chile de la postdictadura, parece atravesar un momento de feliz bonanza económica, hasta que el contador le informa que la empresa está en quiebra. Es el mismo contador quien lo ha dejado en esta situación. Bértolo dice: “El dinero, en su versión del dinero que no hay, es decir, en estado de ausencia, pone en marcha la historia de Fernando Girón, de mediana edad, en medio del camino de su vida, de origen social humilde”. A pesar de este origen humilde, Girón nació con aspecto de “niño bien” y es gracias a esto que, eventualmente, logra estar justo en la posición social y personal que quiere, la que siempre aspiró, hasta que se tropieza con la catástrofe, con la estafa que rompe su felicidad. La pérdida que verdaderamente altera a Fernando es, más que la del dinero, la del capital simbólico.
Por momentos encontramos en el protagonista, más que rabia, un rastro de culpa. Más tarde descubrimos que todo lo logrado por Girón, era motivo de su participación en asuntos políticos corruptos. Nada era lo que parecía. Con este descubrimiento se permite al lector asomarse en lo que se venía ocultando en el fondo de todo: Femando sabe, y ese saber es su tragedia, que detrás de ese dinero estafado por el contador lo que emerge es la corrupción que estaba en su origen.
Para terminar con La deuda, Bértolo destacó que esta novela tiene un alcance civil sobresaliente, ya que de manera tangencial Gumucio plantea dos preguntas fundamentales: ¿Es posible llevar una vida honesta en un entorno social en el que la corrupción está instalada? Segunda: ¿Es posible el usufructo de un capital simbólico en provecho de la autoestima cuando los que te rodean sufren materialmente por culpa de aquello que alimenta tu autoestima? Como lectores ahí reside nuestra responsabilidad: en responder a esas preguntas.
Las tres novelas “tocan sociedad”, según palabras de Bértolo: “las tres son novelas osadas en cuanto que como novelas económicas se atreven a interrogar narrativamente , es decir, imaginando el qué pasa si pasa esto o el qué pasaría si pasase esto otro, el núcleo duro y central de nuestra pieza ecuménica: el dinero”.