Conferencia de Chris Andrews
En octubre de 2010, Chris Andrews dictó la conferencia ““En vilo: tensiones narrativas y entendimiento” en Cátedra Bolaño.
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Leila Guerriero
En agosto de 2010, Leila Guerriero dictó la conferencia “ “Periodismo narrativo, maniobras de aproximación y alejamiento”en Cátedra Bolaño.
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Ignacio Echevarría: el abismo en la literatura latinoamericana
“Desde luego que toda lengua acepta distintos grados de intimidad y complicidad, y en todas ellas hay un gradual pasaje de los socializado a lo privado, pero en el caso concreto del hombre culto americano, hispanoparlante, tenemos dos personalidades idiomáticas simultáneas y no siempre armónicas.”
Ángel Rama
El 11 de noviembre el crítico literario Ignacio Echevarría dictó la conferencia “La lengua de los novelistas” en Cátedra Bolaño. La presentación estuvo a cargo del escritor y director del diario The Clinic Patricio Fernández, quien destacó el importante vínculo entre el invitado español y Roberto Bolaño, señalando, entre otras cosas, que fue gracias a la lectura de la obra de Bolaño que Echevarría inició una relación crítica con la nueva literatura latinoamericana, una relación con la madre patria que llevaba varios años congelada en la imagen caricaturesca y exótica dibujada por los grandes novelistas del boom.
Ignacio Echevarría comenzó la cátedra hablando de Rafael Sánchez Ferlosio, escritor altamente valorado en España y sin embargo, por alguna razón, escasamente conocido en Latinoamérica. Echevarría presentó una posible explicación para este fenómeno: es la prosa de Ferlosio, altamente emparentada con la tradición de la “gran prosa barroca”, la que a oídos latinoamericanos suena inevitablemente “imperial”, produciendo un rechazo instintivo. Esta idea inicial derivó a lo largo de la conferencia en observaciones más generales al respecto, que fueron el núcleo de la cátedra.
Ferlosio creó el concepto de “gran prosa barroca” al dedicarse a la lectura de la historia y los documentos de los siglos XV, XVI y XVII, de donde creyó sacar la conclusión de que las características que le resultaban interesantes del castellano (hasta el nivel de obsesionarlo), se formaron, entre otras cosas, a partir del lenguaje administrativo de las Indias.
La “gran prosa barroca” es representada por Ferlosio como un gran galeón, a causa de su complejidad. Al parecer, es la idea de este galeón invasivo la que produce alarma y rechazo en el lector latinoamericano. Para Echevarría, Ferlosio ha desarrollado en sus textos una prosa poderosa que se le presenta a este lector justamente bajo ese intimidante aspecto. Es aquí donde se encuentra el principal problema, pues según la tesis de Echevarría, esta sensación ajena hacia una prosa como la de Ferlosio, delataría un conflicto en la relación que los latinoamericanos suelen tener con la lengua en la que escriben, como si esta fuera “un instrumento prestado, que muchas veces encaran como ajeno”.
Centrando la atención en los novelistas, Echevarría señaló que estos se encuentran frente a una disyuntiva primordial: o utilizar un idioma escrito o utilizar un habla. Para desarrollar esta idea, el crítico citó las siguientes palabras del escritor Alejando Zambra (“De novela, ni hablar, 2007): “(…) Un nítido divorcio persiste entre la lengua hablada y la lengua escrita: son muchas las palabras y las frases que, entre nosotros, se dicen pero no se escriben (…) El gran secreto de la literatura chilena es ese abismo entre lo que se dice y lo que se escribe (…)”
Así pues, el problema, no sólo para los narradores chilenos, sigue siendo, al parecer, ese gran abismo.
La lengua literaria que circula internacionalmente suele ser, en lo que al castellano respecta, una lengua “normalizada”, que es por fuerza estándar e impersonal. Sin embargo, parece inevitable preguntarse, en una Latinoamérica emancipada del poder español, integrada por muchas naciones independientes, con realidades lingüísticas muy complejas, ¿cómo es que se ha impuesto esta lengua normalizada y estándar? ¿No es la abstracción misma de Latinoamérica la que, como un señuelo, ha preservado, en el plano de la lengua, una construcción de corte colonial?
Para tratar de responderse estas preguntas, Echevarría hace referencia a las palabras de Héctor Libertella en Nueva escritura en Latinoamérica (1977), y señala que se trata de un nuevo colonialismo cuyos efectos, según Libertella:
“pueden observarse en cierta voluntad de normativizar [...] que respeta sumisa una economía de estilo –el estilo sencillo– estimulada por su éxito en ciertos circuitos de consumo y que similarmente niega toda propensión al trabajo ‘barroco’, ‘hermético’ o ‘complejo’ inciertamente llamado, entonces, experimental”.
En la consciencia de los nuevos escritores latinoamericanos apenas queda el rastro de la colonia. Considerando esto, los motivos del rechazo que existe hacia una prosa como la de Ferlosio, se tornan más complejos. Este rechazo se dirige, más profundamente, a toda manifestación de escritura que transgreda ese principio de comunicabilidad que, como decía Libertella, se ha consagrado como legalidad universal en la literatura.
Acercándose el final de la conferencia, Echevarría señaló que la telefonía móvil e internet vienen potenciando desde hace un tiempo la expansión de una “nueva era letrada” que consiste en una nueva escritura “coloquial”, que funciona como una suerte de habla y que descarta todo atisbo de complejidad. Considerando que Latinoamérica fue construida por una red de escritura que, como dice Ferlosio, debió desarrollar una gran capacidad de adaptación a las complejidades a que hacía frente, Echevarría piensa que ya es hora de que el escritor latinoamericano revise su relación suspicaz con ese tipo de escritura que, como la de Ferlosio, busca decir las cosas “de un modo satisfactorio, por suficientemente preciso, circunstanciado, explícito y completo”.
La escritura se convierte en herramienta de conocimiento y de liberación y no solo de entretenimiento, cuando se resiste a su propia facilidad.
Así, Echevarría cerró la cátedra con una cita en la que Rilke mira a sus predecesores y se dice a sí mismo y a los suyos:
Querían florecer, y florecer es ser bellos;
pero nosotros queremos madurar,
y eso significa ser oscuros y esforzarse.
Francisco Goldman: recordar desde las ruinas
“Momentos de separación y ausencia temporales e incluso pérdidas que eran como pequeños ensayos para lo que venía. No premoniciones sino verdaderas visitas, la muerte que traspasaba el portal, se llevaba a Aura y la traía de vuelta y regresaba a su agujero.”
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El 28 de octubre el periodista y escritor Francisco Goldman, leyó un adelanto de su libro “Say her name” (Di su nombre), donde habla de la vida y muerte de su esposa, la escritora mexicana Aura Estrada. La presentación estuvo a cargo de la periodista Francisca Skoknic.
Antes de comenzar su lectura, Francisco Goldman explicó que “Say her name” es un viaje al pasado. El libro surgió como un golpe de emoción, más que una idea o un proyecto fue una necesidad de hablar y recordar.
Las 450 páginas del libro están compuestas por anécdotas, recuerdos e imágenes de una vida anterior que hoy no existe. Son una suerte de residuos de una felicidad quebrada por la muerte abrupta de Aura.
A pesar de lo doloroso del tema, el autor aseguró que recordar a su esposa es siempre un gran placer y esto se refleja en el sentido del humor con que están narrados algunos episodios de la vida de la pareja:
“Del lado que regresaba a Tulum, veíamos pequeños letreros pintados a mano que nos dirigían a “Subway”, lo que, según mis poderes deductivos tenía que ser el nombre de un pueblo maya, que debía pronunciarse “soob-way”. Incluso dije, -tal vez dice subwaj pero no hemos podido ver bien los letreros-. Pero no, era una Y, no una J . Por alguna razón sugestivamente misteriosa, alguien intentaba atraer a los viajeros hacia Soobway . Pero resultó tratarse de la primera franquicia de la tienda de sándwiches Subway en Quintana Roo, un pequeño centro comercial cerca de la carretera, junto a un campo de golf a las afueras de Tulum.
Cada vez que Aura pasaba cerca de un Subway en cualquier parte del mundo, tenía que recordarme. -Ahí está tu pueblo maya, mi amor: soobway-.”
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Al terminar la lectura, el autor señaló que, a pesar de lo aparente, no considera realmente que este sea un libro de duelo, sino más bien un rescate. Es tal vez la única forma de mantener a Aura viva, presente. Es la única manera de no perderla y de no quedarse solo en medio de las ruinas de una vida que fue y que ya no existe:
“Cada día unas ruinas espectrales. Cada día las ruinas del día que debía haber sido. Cada segundo pulsando hacia delante en el reloj; todo lo que hago o miro o pienso, todo hecho de cenizas y pedazos achicharrados y escombros, las ruinas del futuro. La vida que íbamos a tener, el hijo que íbamos a tener, los años que íbamos a pasar juntos, era como si aquella vida hubiera ya ocurrido hacia miles de años, en una ciudad secreta perdida en las profundidades de la selva, ahora reducida en ruinas, cubierta por la vegetación, jamás descubierta, sus habitantes extinguidos, sus historias jamás contadas por ningún ser humano fuera de ella –una ciudad perdida con un nombre perdido que solo yo recuerdo. (Soobway)”
El editor Constantino Bértolo en Cátedra Bolaño
Hoy Francisco Goldman en Cátedra Bolaño
Jueves 28 de octubre de 2010
El narrador viene a presentar “Un libro de amor y duelo”, del que leerá fragmentos. Un recorrido por el dolor, ante la muerte de su querida Aura Estrada, escritora mexicana fallecida a los 30 años.
Javier García
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Su madre es guatemalteca, su padre judío. Nació en Estados Unidos y el amor lo halló con la escritora mexicana Aura Estrada. Francisco Goldman, también escritor, se casó con ella en 2005 y dos años después ella moría, a los 30 años, mientras se bañaba en el mar del Pacífico.
Francisco Goldman ahora vive en el DF mexicano y llegó a Chile invitado por la Cátedra Roberto Bolaño de laUniversidad Diego Portales, donde hoy leerá fragmentos de “Un libro de amor y duelo: say her name”.
Del volumen que se publicará en abril de 2011 en Estados Unidos, cuenta que lo terminó “hace semanas y lo escribí durante tres años, luego de seis meses de borrachera tras la muerte de Aura. Escribí sobre lo que estaba pasando y esa fue la manera de mantenerla viva a mí lado. Ella era de un talento extraordinario, y nos comunicábamos a través de la imaginación, con la que seguimos dialogando. Además en el libro sigo los pasos de una novela que Aura dejó inconclusa”, relata el también autor de “La larga noche de los pollos blancos” y “Marinero raso”.
-¿Qué aspectos de la obra de Bolaño te interesan?
-Creo que “2666” es una de las grandes novelas de este siglo. Lo leí en seis días en mi luna de miel. Es un libro profético, ahí se escribe el infierno contemporáneo y futuro.
-¿Qué estás leyendo?
-A Marcel Proust, el segundo tomo de “En busca del tiempo perdido”, donde Swann no ha podido enamorarse de Odette, que sabe que es bella, pero no es el tipo de belleza que le gusta, hasta que ve una pintura de Botticelli y ve ahí la cara de Odette, o alguien que se parece a ella.
ROSTROS CONVEXOS
Francisco Goldman (1954) dice que cuando venía en el avión desde Italia a Chile, leía a Marcel Proust y de repente pasó una azafata que se asomó de costado. “Se veía la mitad de su rostro y fue en un instante reconocer el de Aura”, dice con sus ojos abiertos como si Aura fuese el momento que vive en Santiago cerca del mediodía.
A Goldman le gusta la poesía y de los autores nacionales se queda con la obra de Nicanor Parra, Enrique Lihn y Raúl Zurita, y en prosa con José Donoso y Alejandro Zambra. “Donoso a quien no leo hace muchos años y que me cautivó con ‘El obsceno pájaro de la noche’, que algún día volveré a leer”, apunta y pasa a hablar de periodismo.
Goldman ha sido corresponsal en Centroamérica para diversos periódicos, y ha colaborado en The New Yorker y The New York Times, además de ser profesor en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano.
-¿Cómo ves el periodismo latino?
-En México, en la mayor parte del país, está prohibido decir lo que está pasando por los narcos, quienes se han convertido en la autoridad local y la matanza de periodistas es una evidencia clara. Es surrealista, se distorsiona el sentido de la realidad.
Francisco Goldman: Roberto Bolaño y la valentía de brincar al abismo
emol.com



















