Leila Guerriero: periodismo narrativo y el riesgo de la duda
“La pregunta, por algún motivo, vuelve, una y otra vez: ¿no ha pensado, le dicen, en escribir ficción? La mujer responde, una y otra vez, que no, pero cada vez, se queda pensando: ¿les preguntan acaso a los escritores de ficción si no han pensado en escribir periodismo?”
El 25 de agosto se presentó Leila Guerriero en Cátedra Bolaño, donde dictó la conferencia “Periodismo narrativo, maniobras de aproximación y alejamiento”. Manuel Vicuña, historiador y presentador de la recientemente galardonada periodista, abrió la charla señalando, entre otras cosas, que Leila Guerriero es autodidacta y que se define a sí misma como una “periodista salvaje, criada por los lobos del instinto”.
Al tomar la palabra, la periodista habla en tercera persona, dejando la conferencia en manos de un personaje, una mujer, que es ella misma. Mientras Leila Guerriero lee en voz alta, esta mujer mira por la ventana de su estudio, y teclea y borra, teclea y borra y se pregunta una y otra vez, “qué más se puede decir sobre el asunto”. El tema de la charla es el periodismo narrativo, o como bien comenzó diciendo la invitada, ¿qué más se puede decir sobre ese asunto?.
La mujer ya lo ha dicho muchas veces. Ha definido sin cansancio lo que es el periodismo narrativo. ¿Y qué es?: un periodismo que toma algunos recursos de ficción para narrar una historia real, utilizando la misma arquitectura que se podría usar para escribir una buena novela. Para ella, el periodismo narrativo es ante todo y principalmente periodismo. El énfasis de esta idea se manifiesta en sus inicios en el oficio, cuando “no quería ser cronista, ni periodista narrativa, ni nuevo periodista, ni periodista literaria. La mujer quería ser periodista.”
“El periodismo narrativo tiene sus reglas y la principal, perogrullo dixit, es que se trata de periodismo. Una andanada de sinécdoques, metonimias y metáforas no logrará disimular el hecho de que un periodista no sabe de qué habla, no ha investigado lo suficiente o no encontró un buen punto de vista. En el buen periodismo narrativo la prosa y la voz del autor no son una bandera inflamada por suaves vientos masturbatorios sino una herramienta al servicio de una historia. Cada pausa, cada silencio, cada imagen, cada descripción tienen un sentido que es, con mucho, opuesto al de un adorno”.
Las descripciones no pueden ni deben ser sólo descripciones. Tienen una función, deben construir un sentido que las trascienda.
El periodismo, a veces, está muy poco valorado. Muchos grandes escritores dicen haber trabajado como periodistas, antes de escribir ficción, únicamente como un trámite engorroso para ganarse el pan. La periodista adora su trabajo y queda atónita cada vez que alguien le pregunta por qué no escribe ficción, como si no existiera otro camino u otro final para este sendero. Siempre que tiene una buena idea, surge la frase: “Sería una gran novela”. Pero ella sostiene que no es necesario agregar un litro y medio de ficción para que algo funcione. Eso no es periodismo y para Guerriero el periodismo por sí mismo también puede ser una forma de arte.
Guerriero es una defensora de su oficio, del periodismo narrativo del que tanto se ha hablado y del que parece quedar tan poco por decir. Aunque quizás, (reflexiona ella) finalmente, sí se pudo decir algo.
Surge, al terminar, una pregunta punzante: ¿Tiene sentido el periodismo narrativo en un mundo de twitter, un mundo de rapidez y brevedad? ¿tiene sentido el periodismo narrativo hoy?:
“Mi respuesta, dice la mujer, tozuda y optimista, es que sí y, podría agregar, más que nunca.
Sí, porque no me creo un mundo donde las personas no son personas sino “fuentes”, donde las casas no son casas sino “el lugar de los hechos”, donde la gente no dice cosas sino que “ofrece testimonios”.
Sí, porque desprecio un mundo plano, de malos contra buenos, de indignados contra indignantes, de víctimas y victimarios.
Sí, porque allí donde otro periodismo golpea la mesa con el puño y dice qué barbaridad, el periodismo narrativo toma el riesgo de la duda, pinta sus matices, dice no hay malo sin bueno, dice no hay bueno sin malo.
Sí porque el periodismo narrativo no es la vida, pero es un recorte de la vida.
Sí, porque es necesario.
Sí, porque ayuda a entender.”


