César Aira y su paso por Cátedra Bolaño
Tal como indicó Cecilia García-Huidobro, directora ejecutiva de la Cátedra, “tanto Aira como Bolaño recogen en su espíritu la irreverencia, el humor y la decisión de renovar el género de la novela”, dando la bienvenida a este escritor argentino que, ante un aula repleta y atenta, dictó su conferencia “El Realismo”, el miércoles recién pasado.
Leonardo Sanhueza, escritor y periodista, encargado de presentar a nuestro invitado, dedicó una reflexión entorno a la relación entre “lector y novela” y las pruebas de fidelidad que Aira intenta burlar constantemente a través de finales repentinos y apoteósicos, según el mismo Sanhueza: “sus finales, tomados como piezas únicas son fulminantes… Así logra que el relato fluya como un río para luego desembocar en un mar de forma sutil o con un estruendo”. Sus novelas, son construidas con los materiales más inverosímiles, donde “el disparate” pasa a ser un elemento constitutivo de su escritura. Aira sería el antípoda del protagonista de su libro El Mago, que a su vez remite al Arcano del Tarot. Al contrario del mago, sí utilizaría todas las herramientas de la imaginación, sin por eso ser un escritor fantástico, como bien definió Sanhueza: “Aira es un escritor realista, que enfoca la realidad con lentes fantásticos”.
De esta manera se dio inicio a la conferencia “El Realismo”, en la que César Aira recordó Las Mil y una noches, y el viejo cuento “Aladino y la lámpara maravillosa”, en el que tanto la trama como estructura representarían un “perfecto sicoprimitivismo”, ya que, los actos del propio protagonista se transformarían en el argumento del relato. Aladino, al contrario que cualquiera de nosotros-seres contemporáneos, e hijos del capitalismo- pide siempre el mismo deseo: comida, en vez de pedir -por ejemplo- una fortuna y, más aún, para nuestra sorpresa: intenta agotar hasta la última migaja y cuchillería fina del banquete brindado por el genio de la lámpara. Para Aira este acto simbólico de “agotar el deseo” antes de pedir uno nuevo, sería la escencia mágica del cuento, que a su vez y paradógicamente destruiría esa intención “realista” desde la cual está narrado.
De este modo: “aladino aprovecha el don todo lo posible sin hacer uso de la imaginación, dando pie al paso a paso de la realidad”. Pero también este relato nos abre paso a una reflexión sobre “la incredulidad”: ¿qué puede ser creíble? ¿hasta qué punto el lector niega la posibilidad o realidad de los hechos? Tanto la magia como la literatura jugarían con esa noción y eliminarían el tiempo: “la escritura de novela es ambigua, nunca sabemos si estamos ganando o perdiendo tiempo”.
Aira retomó algunos novelistas realistas del S.XX, como Dickens, Balzac y Borges, los que conciben la novela desde el detalle, donde la compleja estructura intenta envolver al lector en esa “realidad”. Sin embargo, también otorga al lector -por momentos- una sensación mágica, ya que lo acercaría a la realidad con toda su credulidad y amenazas; la literatura entonces: “funcionaría como un laboratorio en el que el escritor crea los procedimientos necesarios para exorcisar la realidad”. Como bien ya decía Borges: “a la realidad le gusta la simetría y las anacronías” dando, de este modo, fin a su conferencia.
GALERÍA DE IMÁGENES:
De izquierda a derecha: César Aira, Leonardo Sanhueza




