Perfil: Guadalupe Nettel, la escritura como venganza
Guadalupe Nettel está sumergida en un universo de personajes desfigurados. La galería de individuos que trama su escritura pertenecen a muchos rincones olvidados de los distintos escenarios, tanto públicos como privados, que compone la autora. Los mismos personajes son también rincones complejos, llenos de giros, recovecos y dobleces, que Nettel recorre con una precisión quirúrgica.
A través de una escritura que simula ser una lupa, la escritora mexicana logra diseccionar a los individuos de sus textos, desenmascarándolos y revelando su naturaleza más visceral, a veces incluso repulsiva, pero de infinita belleza.
“No es escribir sobre lo extraño sino sobre la belleza”, con estas palabras la Nettel explica la verdadera naturaleza e intención de su obra. Y es difícil no hallar en estas palabras una aclaración que involucra a la propia autora como defensora de sus personajes. Nettel admite que su literatura es un acto de venganza en muchos sentidos. Hay algo de ella misma en sus textos y una especie de reivindicación frente al mundo de la “normalidad” por esta otra naturaleza, que curiosamente, la misma Nettel hace monstruosa. Pero estos monstruos no están desvalidos, ni son víctimas tristes de sus condiciones o locuras, sino que son automarginados genuinos y geniales, cuya singularidad los enaltece por sobre los otros simples, comunes y perfectos mortales.
Podríamos deducir a partir de estas construcciones, que para la escritora esta marginalidad viene a ser un lugar privilegiado desde el cual mirar el mundo. Pero en realidad hay dos lugares privilegiados, uno desde el cual sus personajes observan la realidad y dan cuenta de esta otra visión excepcional de las cosas, y otro lugar desde el cual Nettel observa a estas figuras interactuar con sus mundos. Nettel de algún modo logra duplicarse y justificar a través de su escritura las acciones de sus personajes, aceptándolos y acogiéndolos.
