Perfil: Guadalupe Nettel, la escritura como venganza

Guadalupe Nettel está sumergida en un universo de personajes desfigurados. La galería de individuos que trama su escritura pertenecen a muchos rincones olvidados de los distintos escenarios, tanto públicos como privados, que compone la autora. Los mismos personajes son también rincones complejos, llenos de giros, recovecos y dobleces, que Nettel recorre con una precisión quirúrgica.

A través de una escritura que simula ser una lupa, la escritora mexicana logra diseccionar a los individuos de sus textos, desenmascarándolos y revelando su naturaleza más visceral, a veces incluso repulsiva, pero de infinita belleza.

“No es escribir sobre lo extraño sino sobre la belleza”, con estas palabras la Nettel explica la verdadera naturaleza e intención de su obra. Y es difícil no hallar en estas palabras una aclaración que involucra a la propia autora como defensora de sus personajes. Nettel admite que su literatura es un acto de venganza en muchos sentidos. Hay algo de ella misma en sus textos y una especie de reivindicación frente al mundo de la “normalidad” por esta otra naturaleza, que curiosamente, la misma Nettel hace monstruosa. Pero estos monstruos no están desvalidos, ni son víctimas tristes de sus condiciones o locuras, sino que son automarginados genuinos y geniales, cuya singularidad los enaltece por sobre los otros simples, comunes y perfectos mortales.

Podríamos deducir a partir de estas construcciones, que para la escritora esta marginalidad viene a ser un lugar privilegiado desde el cual mirar el mundo. Pero en realidad hay dos lugares privilegiados, uno desde el cual sus personajes observan la realidad y dan cuenta de esta otra visión excepcional de las cosas, y otro lugar desde el cual Nettel observa a estas figuras interactuar con sus mundos. Nettel de algún modo logra duplicarse y justificar a través de su escritura las acciones de sus personajes, aceptándolos y acogiéndolos.

Guadalupe Nettel será la última visita a la Cátedra Bolaño 2009

Gudalupe Nettel

El jueves 26 de Noviembre recibiremos la visita de la escritora mexicana Guadalupe Nettel en la Cátedra Roberto Bolaño.

Nettel estudió Lengua y Literatura Hispánica en la Universidad Nacional Autónoma de México, y luego se doctoró en Literatura en la Universidad de París. Escribe en revistas de habla francesa y española simultáneamente. Ha publicado tres libros de cuentos: Juegos de artificio (2003), Les jours fossils (2006) y Pétalos y otras historias incómodas(2008); también una novela llamada El huésped (2006), que fue traducida al francés bajo el título de L’hôte y que además fue finalista del Premio Herralde.

El año 1992 recibió el Prix de la Meilleure Nouvelle en Langue Francaise para países no francófonos, de la Radio France Internacionale, el 2007 fue galardonada con el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen en México, y en noviembre del 2008 obtuvo el VI Premio de Narrativa Antonin Artaud por su último libro de cuentos.

Colaboró y colabora con artículos, cuentos y ensayos en numerosas revistas como la Revista Lateral, Gatopardo, El polemista, Letras Libres y Suplemento Le monde des livres, L’inconvénient, Quimera,Hoja por hoja, Cultura/s de La Vanguardia, Qué Leer, Confabulario, etc. Actualmente también realiza seminarios, traducciones y un taller de escritura en la ciudad de Barcelona.

Guadalupe Nettel estará el 26 de noviembre a las 12 hrs. en la Facultad de Comunicación y Letras de la UDP.

Los yos ex futuros de Héctor Abad

La visita de Héctor Abad era muy esperada por los organizadores de la Cátedra Bolaño, así lo manifestó la decana de la Facultad, Cecilia García Huidobro, al inicio de la sesión.

La charla titulada “El futuro que no fue”, fue organizada por la Universidad en conjunto con la Embajada de Colombia. La presentación la realizó el periodista Javier Ortega, catedrático de la UDP, quien reflexionó en torno a una de las novelas del escritor: El olvido que seremos. La obra, según Ortega, nos permite tener una nueva y nítida mirada de los acontecimientos políticos y socio culturales que vivió y vive Colombia, encarnados en el relato que Abad hace de su infancia, su juventud y su padre.

Abad, sin embargo, dedicó la sesión a otro tipo de reflexiones, que aunque tenían que ver con sucesos biográficos, se referían más bien a esos no-acontecimientos y a esos otros “yo”, que el autor -acuñando el término de Miguel de Unamuno- llamó los ‘yos ex futuros’.

La cátedra fue breve, y en esta ocasión no fue objeto de análisis o discusión de asuntos literarios de un modo abstracto, en otras palabras, no se habló de forma, ni de literatura latinoamericana, ni de lenguaje, ni de estilo. Pero se habló de literatura desde la propia literatura, y más aun, desde la literatura y la voz del propio Abad. Queda claro el tono intimista del autor que, aunque podíamos deducirlo al conocer su obra, adquiere un nuevo significado al verlo ocupar el espacio de la Cátedra para cavilar sobre aspectos vitales y humanos que se transforman en literarios.

Abad evocó a partir de sus propias vivencias la existencia e importancia de los yos ex futuros. La existencia de estos ‘yos’ frustrados, permitirían también la presencia del deseo, y nutrirían nuestro pasado. Más que reflexionar sobre los caminos que no se siguieron, la intención del autor fue reflexionar sobre aquellos ‘yos’ que no fuimos, y cómo éstos se convierten en fantasmas de nosotros mismos, conviviendo en el recuerdo y formando parte de nuestra memoria.

La imaginación literaria es para Abad, una posibilidad y un ejercicio de suplantación. El texto permite a los autores realizar y ser quienes no han sido en la realidad. La literatura es un ensayo u otra oportunidad de existir en estos yos ex futuros que fantasmagóricamente nos rondan.

Perfil: Héctor Abad, literatura situada

Héctor Abad, como pocos, decidió hace mucho dedicarse por completo a la literatura. Decimos decidió, en realidad es difícil saber si esa decisión puede tomarse o simplemente venga a caer sobre algunos como decreto fundamental, no como producto de la voluntad sino como la materia misma de esa voluntad. Abad, en ese sentido, siempre de dedicó a la literatura. Hoy, cuando escribe, vuelve a recordar esos procesos de aprendizaje que lo educaron en el oficio de escritor, vuelve a recordar los asuntos biográficos que determinaron tal o cual manera de ver la literatura, y de representar el mundo a través de la literatura. Su obra está permeada de biografía y su vida de literatura.

La imaginación literaria es para el autor, una “capacidad de entender y compadecer el mundo”. Una especie de cuerda elástica que permite a los hombres viajar a las experiencias, lugares y tiempos ajenos, y regresar intactos para comprenderlos e interpretarlos, sin extraviarse, y sin perder la independencia y la autenticidad que nos permite ser críticos.

Las veces que Abad deja el oficio literario, lo vemos ser cronista, periodista, y traductor. Estos paseos por las orillas de la literatura le permiten extender el alcance de su escritura, y además nos permiten a nosotros, sus lectores, leer un Héctor Abad, ciudadano de Medellín, preocupado por el estado de Colombia, la erradicación de las Farcs, las Farcs mismas, la diminuta disminución de la pobreza, Uribe, los blancos terratenientes, el estado de la literatura, el estado del periodismo, etc.

Ha publicado ocho títulos en doce años y sus obras han sido traducidas a varios idiomas, algunas de esas publicaciones son: Malos pensamientos (1991), Asuntos de un hidalgo disoluto (1994), Fragmentos de amor furtivo (1998), Basura (2000) ; por el que obtuvo el primer Premio Casa de América de Narrativa Innovadora, y Angosta (2003). El libro de viajes, Oriente comienza en el Cairo (2002) y otro libro de género indefinido llamado, Tratado de culinaria para mujeres tristes (1996).

Ha recibido también el Premio Nacional de Cuento el año 1981 y el Premio Simón Bolívar de Periodismo de Opinión, y trabajado en las revistas Universidad de Antioquía, Semana, Cromos, Cambio, Malpensante, y en el diario El Espectador y El Colombiano.

Héctor Abad estará en la Cátedra Roberto Bolaño el 27 de octubre a las 12 hrs. En le Facultad de Comunicación y Letras de la UDP

Héctor Abad en la Cátedra Bolaño

El colombiano Héctor Abad visitará próximamente la Cátedra.

Graduado de Literatura Moderna en Italia, en la Universidad de Turín, realizó además en Colombia estudios de medicina, filosofía y periodismo que fueron interrumpidos por la publicación de un polémico artículo sobre el papa. Por esa y otras razones políticas se mantuvo intermitentemente entre los dos países hasta 1992. De regreso en Colombia inició su carrera como escritor y traductor del italiano.

Trabajó en las revistas Universidad de Antioquía, Semana, Cromos, Cambio, Malpensante, y en el diario El Espectador y El Colombiano.

Entre sus títulos publicados se encuentran: Malos Pensamientos (1991), Asuntos de un hidalgo disoluto (1994), Tratado de culinaria para mujeres tristes(1996)Fragmentos de un amor furtivo(1998), Basura (2000), el libro de viajes Oriente empieza en El Cairo(2002), Angosta(2004), El olvido que seremos(2006) y El amanecer de un marido(2008).

Recibió el Premio Nacional de Cuento el año 1981 y el Premio Simón Bolívar de Periodismo de Opinión. En España le fue otorgado el año 2000 el primer Premio Casa de América de Narrativa Innovadora, por su novela Basura,y el 2005 le fue conferido en China el Premio a la Mejor Novela Extranjera por Angosta.

Sus novelas han sido traducidas al inglés, italiano, alemán, portugués y griego.

27 de octubre a las 12:00 hrs. Facultad de Comunicación y Letras UDP.

Andreu Martín, el escritor lúdico

El escritor español Andreu Martín visitó la cátedra Roberto Bolaño, en el marco de la cooperación de la Universidad Diego Portales con el Festival de Novela Negra, Santiago Negro.

Camilo Marks se encargó de presentar al guionista y novelista quien hizo un dinámico recorrido por su trabajo, centrándose en el rol del juego como matriz fundamental del oficio de la escritura.

“Las reglas del juego”

Esta visión lúdica de la literatura, no es excluyente para Martín. El autor identifica está dinámica en toda clase de cosas de la vida cotidiana. Adaptarse o infringir las reglas de este “gran juego de la vida”-como lo llama el autor-, no dista para nada de los movimientos que realizan personajes, autores y acontecimientos en una novela negra o policial.

Quizás el segundo aspecto más importante de la charla, además del valor otorgado al juego como catalizador de la novela. Fue la duda planteada acerca de las diferencias entre novela negra y policial, dos géneros que según el autor, al menos hasta hace poco tiempo, eran indistinguibles. El propio Martín reconoce -un poco riéndose de los continuos cambios de parecer por parte de los escritores respecto de sus obras-, que la línea divisoria que pensó inexistente entre novela negra y novela policial, en realidad sí existe, pero está ubicada en otro lugar, “no entre los autores, sino entre sus obras”.

El rol del enigma fue otro de los puntos importantes de la cátedra, el enigma como piedra angular de la estructura de la novela policial y, sobre todo, cómo la resolución de dicho enigma marca un antes y un después en la evolución del género. Martín usa como ejemplo la obra de Edgar Allan Poe para caracterizar el paso de la explicación mística o fantasmal -como él mismo la llama-, hacia una explicación racional y lógica de los misterios que la novela plantea. En algún momento Poe, determinado por las vicisitudes de su propia biografía, habría dejado de lado la resolución esotérica de los misterios, como ocurre en Los crímenes de la Calle Morgue, para dar paso a una elaboración lógica de los enigmas. Con esto, para Martín, nace una nueva estructura que verá nacer al género policial.

“La realidad sí supera a la ficción”

Por qué escribir historias que siempre serán superadas por los hechos de la realidad. Por qué invertir trabajo intelectual en un oficio que nunca podrá estar por encima de los acontecimientos del mundo, que no requieren de ningún esfuerzo, que tan solo son.

Una de las respuestas estaría en que estos elementos de la ficción habitan en el imaginario de los actores reales. Así lo describe el autor cuando relata su acercamiento a la policía española, mientras intentaba recopilar información para su próxima novela. Martín se refirió a cómo estos policías ingresaban a la escuela movidos por el deseo de transformarse en tal o cual detective de ficción. La ficción, en tanto, no estaría desligada del quehacer real, sino que ambas convivirían en una más nutrida dinámica de la realidad. Dinámica atribuible, porque no, al mismo juego al que alude el Martín.

Perfil: Andreu Martín, el gran género negro

Cuando en una entrevista le preguntan a Andreu Martín acerca de cómo ocurrió esa transición entre sicología y literatura, el autor responde que no existió tal transición. Martín siempre se ha considerado un escritor vocacional, alguien que sólo estudió sicología preocupado -como muchos otros-, de su propia salud mental. Durante el servicio militar que realiza en Ibiza luego de terminar la carrera, se sigue desempeñando como guionista de tebeos. Contra todo lo esperado en una estadía en el cuartel, Martín se las arregla para pagarse buena comida y un apartamento. Así se mantiene alejado de las hostilidades de la vida militar, escribiendo guiones instalado en un cuarto frente a la playa.

Durante los años setenta este joven guionista español, se hace rápidamente un vasto currículum como escritor y editor de historietas. Trabaja en la Editorial Bruguera, también como delegado general para las ediciones de Grijalbo Mondadori Junior, donde traduce al español los comic de Jean-Michel Charlier, y colabora en numerosas revistas. Algunos títulos de la época en los que el autor contribuye con su trabajo son: Gran Pulgarcito, Mortadelo, Sacarino, Trinca, Cavall Fort, Zona 84, El Víbora. Además de las revistas catalanas, españolas y francesas: Destino, Cambio 16, Tiempo de hoy, Gimlet, Comix Internacional, Metropol, Penthouse, Avui, El Jueves. En 1977 funda la revista de comic Troya-Trocha, junto a su mujer, Mariel Soria, con quien crea al inspector Sam Ballunga. A finales de esa década publica su primer libro, Aprende y calla, y ya en 1980 aparece Prótesis, novela con la cual se introduce plenamente en el género policíaco y que le valió el Premio Círculo del Crimen.

Martín, considerado uno de los mayores expositores del género negro en su país, se queja de las consideraciones que la literatura canónica tiene con la novela negra, su trabajo es, desde de esa perspectiva, también un intento de reivindicación. Poseedor de una admirable disciplina, ostenta más de cincuenta publicaciones, a las que se suman la escritura de guiones para teatro, cine y televisión, traducciones y ensayos. Su trabajo como guionista lo ha llevado incluso a la dirección cinematográfica. En su prolífica carrera como escritor de novelas podemos identificar dos grandes corrientes: la literatura juvenil (determinada por el uso del humor) y, por supuesto, la novela negra. La versatilidad del autor es evidente, tanto así que la escritura en equipo es muy frecuente en su obra.

Como novelista también ha sido objeto de numerosos reconocimientos. En 1989 gana el Premio Nacional de Literatura Juvenil, gracias a su personaje Flanagan, creado en conjunto con Jaume Ribera. Ha obtenido el Premio Hammet en tres ocasiones (1989, 1993, 2001), por las novelas Barcelona Connection, El hombre navaja y Bellísimas Personas, respectivamente.
El año 2001 se le otorga el Premio Sonrisa Vertical por su primera novela erótica,
Espera, ponte así, y el año 2002 recibe el II Premio de Narrativa Juvenil Ala Delta por su libro Juego de Rol.

Andreu Martín se considera a sí mismo un exhibicionista. Es un autor complejo en el sentido que logra combinar el humor con esa exploración subterránea, propia de la novela negra. Posee una visión crítica de la censura y de la “domesticación del público por parte del poder y la industria”. Este mismo sentido crítico se alimenta de los fundamentos que él mismo distingue en el género. La novela negra, para Martín, siempre tendrá que ver con la transgresión y el delito.

Cátedra Roberto Bolaño, 15 de octubre a las 12:00 hrs. Facultad de Comunicación y Letras

Andreu Martín visita la Cátedra Bolaño

Fue durante diez años guionista de comic hasta que en 1979 publica su primera novela: Aprende y calla. El mismo año también aparece El señor Capone no está en casa. Obtiene el Premio Círculo del Crimen con la que sería su primera novela derechamente policíaca, Prótesis, ha publicado además varios libros de literatura juvenil e incursionado en cine, teatro y televisión. En 1989 gana el Premio Nacional de Literatura Juvenil gracias a su personaje “Flanagan”, creado en conjunto con Jaume Ribera, con quien realizó la famosa serie que ya tiene más de diez títulos publicados.

El español Andreu Martin, considerado uno de los más grandes expositores de novela negra en su país, será la próxima visita a nuestra cátedra Roberto Bolaño.

Martín ha obtenido el Premio Hammet en tres ocasiones (1989, 1993, 2001), por las novelas Barcelona Connection, El hombre navaja y Bellísimas Personas, respectivamente. Por Bellísimas Personas recibe también el Premio Ateneo de Sevilla. El año 2001 se le otorga el Premio Sonrisa Vertical por su primera novela erótica, Espera, ponte así. El II Premio de Narrativa Juvenil Ala Delta le es entregado el año 2002 por su libro Juego de Rol. Se ha desempeñado también como director cinematográfico y su obra ha sido traducida a varios idiomas.

Andreu Martín, estará en la Cátedra Roberto Bolaño ha realizarse el día 15 de octubre a las 12:00, en la Facultad de Comunicación y Letras de la Universidad Diego Portales.

El paso de Martín Caparrós por la Cátedra

La última visita a la Cátedra la realizó el escritor, periodista y cronista argentino, Martín Caparrós. Curiosamente al iniciar la charla el autor manifestó su descontento con la etiqueta de cronista. El término -de moda en el último tiempo-, habría perdido su carácter político, para transformarse, más que nada, en un artefacto del status.

Este sentido crítico marcó la exposición iniciada por el periodista y escritor chileno, Andrés Gómez, quien con su presentación logró introducirnos a la obra del argentino a partir de sus propios textos, componiendo un pastiche bien logrado entre estilo, obra y biografía.

La identidad de Caparrós, se impuso como la protagonista de la cátedra. Sus reflexiones navegaron tratando de hacer sentido al título de la ponencia: “Enfermedades crónicas de la literatura latinoamericana”. Un encabezado improvisado, incluso antes -según el propio Caparrós-, de que tuviera claro cómo justificarlo, elegido sólo por motivo de las propias palabras (“el escritor es alguien se deja llevar por las palabras”). Fue quizás por esa razón que el discurso en algún punto se transformó en un diálogo reflexivo del propio autor consigo mismo, lo que permitió a los presentes experimentar algo más que una pura inyección de contenidos.

Caparrós es un autor -en palabras de Gómez-, “que se indigna con la injusticia, y a quien la miseria del mundo no lo deja indolente”. Y a partir de esta manera de entender el mundo, desarraigándolo, el autor puso en cuestión en primer término la veracidad del concepto “Latinoamérica”, cuestionando la necesidad de integrar algo que durante doscientos años buscó justamente diferenciarse, desintegrarse. La visión de Caparrós sobre Latinoamérica se despoja de los nuevos consensos que buscan reunirla en una sola identidad, una vez más su mirada escéptica y políticamente atenta, se proyecta filosa y nítida sobre la realidad. Sobre el lenguaje el autor vuelve a esta idea de diáspora creciente, donde los lenguajes, a pesar de la homogenización esperable como producto de la globalización, se distancian cada vez más unos de otros, incluso aquellos nuevos lenguajes que surgen del uso de la tecnología. Caparrós llama a esto el Big Bang del lenguaje, y sería un proceso progresivo desde la conformación de las naciones.

Acerca de la crónica y la novela, y el supuesto espacio que habría entre ellas, el autor se refirió a como ambas corresponden a dos ejercicios distintos de escritura, donde lo único que sí cambia es el pacto de lectura.

“Las enfermedades de la Literatura”

La primera y la gran enfermedad que sufre la crónica según Caparrós, es la aceptación. Los escritores siguen aceptando una forma antigua de proceder en su escritura, siguen ejercitando un modelo de hace cincuenta años. El autor se sorprende de que el Nuevo Periodismo siga llamándose Nuevo Periodismo. La crítica de Caparrós sugiere que esta práctica repetitiva, no hace más que anquilosar el ejercicio de la escritura periodística, restándole toda posibilidad de novedad. Esta aceptación de la forma, es también es una aceptación del lugar: “actualmente decir que se hace crónica, es algo que queda muy bien”. Caparrós se queja de un snobismo que se habría hecho característico del género, y que lo ha privado de su posibilidad de levantarse y manifestarse de manera política frente a lo que relata. La crónica que a Caparrós le interesa, es aquella “desconfiada y dudosa, un intento de poner en crisis las certezas”.

A diferencia de la crónica, cuya enfermedad sería la aceptación, en la novela el autor identifica otro mal: la renuncia. Nos encontraríamos viviendo en una época de gran mediocridad literaria, donde el sistema y el mercado confabulan para que sigamos produciendo libros mediocres. Con libros mediocres, Caparrós se refiere a libros que no tendrían ninguna ambición más allá de sí mismos. Similar a la crítica que le hace a la crónica o a la labor anquilosada del periodismo, sin embargo, en el caso de la novela, resulta aun más trágica. “Si alguien pintara como Delacroix sería un idiota, alguien que escribe como Flaubert, puede llegar a ser un gran novelista contemporáneo”.

Caparrós confiesa que subestimó el poder el mercado y su afán homogeneizante. Se refiere a la ausencia de la capacidad de “romper” en el trabajo literario y como alguna vez pensó esperanzadoramente que existía la posibilidad de escribir despojándose de necesidades y moldes, “escribir lo que había que escribir”. Asumiendo al mismo tiempo, su propia incapacidad frente a estos topes y grilletes del mercado, grilletes, por lo demás, muy confortables, y por esa misma razón tan peligrosos.

El presente también estaría cada vez más ausente en la literatura actual. En la apariencia de necesidad de una novela, sin embargo, tan difícil de conseguir según Caparrós, existiría una forma de escritura autónoma liberada de estos topes a los que antes se aludía. En aquella novelas que logran esa apariencia de necesidad se producirían esas excepciones tan buscadas por él en la literatura contemporánea. La necesidad y la irreproductibilidad serían características de lo que para el autor es esa otra literatura, la esperada y excepcional.

Nuestros Colaboradores

Ediciones Universidad Diego Portales Alfaguara Grupo Editorial Norma Fondo de Cultura Económica Tusquets Editores Embajada de Colombia Editortial Cuarto Propio Embajada de México