Daniel Link (1959, Argentina) es escritor, académico, crítico literario y poeta. Ha trabajado como editor y escritor de reseñas en las revistas argentinas Magazine, Radar Libros y Página/12. Además dicta cursos de Literatura del Siglo XX en la Universidad de Buenos Aires. Él mismo se autodefine como catedrático y escritor: “Digo que soy catedrático y escritor, porque precisamente mis espacios de intervención son la cátedra y la escritura, una escritura que puede ser ficcional, poética o ensayística”.
Ha publicado los libros de ensayo El juego de los cautos (1992), La chancha con cadenas (1994), Escalera al cielo (1994), Carta al padre y otros escritos íntimos (2002), Cómo se lee (2003, traducido al portugués), Clases. Literatura y disidencia (2005), Leyenda. Literatura argentina: cuatro cortes (2006) y Fantasmas. Imaginación y sociedad (2009), títulos que hoy hacen referencia a su papel como uno de los críticos literarios más importantes de Argentina. Por otro lado, ha tenido una gran recepción a través de las novelas: Los años 90 (2001), La ansiedad (2004), Montserrat (2006) y La Mafia Rusa (2008); en cuanto a sus recopilaciones poéticas están: La clausura de febrero y otros poemas malos (2000) y Campo intelectual y otros poemas (2003).
Link comienza trabajando en la prensa escrita, tanto sus primeras reseñas como su trabajo de editor lo llevaron a ser parte de publicaciones culturales que tuvieron gran éxito en Argentina. Antes de ser editor de Magzine o de Radar Libros, Link pertenecía a proyectos como Los periodistas y la revista cultural Babel. Los periodistas se creó una vez que el El Periodista dejó de publicarse, cuenta él mismo: “se formó una cooperativa de periodistas independientes que llevaron adelante una revista que se llamó Los periodistas que salió durante dos años”. Dentro de este grupo Daniel Link aprende sobre el trabajo de edición: “había que elegir, armar sumarios, había que editar, sobre todo. Editar es una tarea dificilísima, y yo aprendí eso en Los periodistas”. Aún así su trabajo en Magazine le permite cierto reconocimiento, ya que fue una revista de mayor repercusión.
Quizás donde más permanencia tuvo fue en Página/12, en la que trabajó siete años, a pesar de que algunos no tenían fe en que se quedara mucho tiempo: “Beatriz Sarlo siempre me decía “no vas a aguantar ni un mes”, y yo cada seis meses le decía “¿Viste, Beatriz, que sí, viste?”. (…) se dieron una serie de circunstancias que funcionaron a favor de que me pudiera quedar en Página. Éramos todos antimenemistas … Por un lado eso. Además estaba Juan Forn, que es un tipo con el que yo siempre trabajé muy bien, en Planeta también. Y luego porque yo tenía ideas”.
Link además de trabajar en Página 12, aprovechó de sacar su propio Blog, un espacio independiente, donde aún escribe y mantiene al día con artículos, ensayos, reseñas, etc. “Lo pude hacer porque tenía la beca de Página/12, sin la beca de Página/12 yo no puedo darme el lujo de perder el tiempo escribiendo estupideces para alimentar mi blog”.
De todas formas Link comienza su labor de escritor de reseñas y editor en revistas culturales en una época en que éstos proyectos eran difíciles de mantenerse en el tiempo, los años noventa, que reflejaban en cierto modo una democracia estancada y en la que sus promesas se agotaban: “el estado de la cultura no era brillante en ese momento, no lo es ahora tampoco, y probablemente no lo fue en toda la democracia. Esa es un poco la sensación, me parece, de quienes pudimos trabajar desde el comienzo en distintos proyectos culturales, tanto en el periodismo como en otras instituciones”.
Para Link su trabajo de editor fue productivo, oportunidad de la que aprendió mucho y sacó provecho, pero aún así no volvió a trabajar en un proyecto parecido, la posibilidad de poder dedicarse a escribir y hacer cátedras es a lo que se ha dedicado desde entonces: “Yo no volvería, de todos modos, ni ebrio ni dormido, a ninguno de estos tres proyectos. Estuvieron muy bien en su momento, pero ya está. Ahora disfruto de escribir, y si me pagan por hacerlo, todo bien, y si no me pagan no me pagan”.
Su escritura se mueve entre lo lúcido, lo ácido y lo humorístico. Hay en Link una necesidad de hacer frente directo e inmediato a aquello que no comparte. Así mismo se puede ver en sus obras una forma propia de concebir la literatura contemporánea. La reflexión intelectual, está presente en sus obras, pero también lo superficial, lo cotidiano. Por otro lado, abre espacios para los encuentros intertextuales, existen vínculos desde la ficción con autores como Aira o Puig. Y en menor grado con Borges, él mismo Link nos dice: “de quien todos estamos ya un poco cansados. ¿Por qué hacemos eso? Supongo que es como llegar a una fiesta (la literatura lo es) y encontrarse con gente conocida”.
Existen ciertos límites que a la vez se confunden en su escritura, lo real y lo imaginario como un mismo espacio, lo imaginario como gran principio que conforma su escritura, en la que a modo de experimento se entremezclan varios elementos interesantes: “Hace varios años que vengo pensando alrededor de la imaginación (y por lo tanto de su contraparte, lo real) y supongo que mis últimos libros son un efecto de ese ejercicio. Si algo tienen en común Montserrat y La mafia rusa es esa constatación de que no hay un límite entre lo real y lo imaginario, sino más bien un umbral: todo lo que consideramos real está formado por una cuota de imaginación y todo lo imaginario es una interpretación (a veces inconsciente) de lo real. Una situación, pensaba Sartre, es ese encuentro imprevisto entre lo real y lo imaginario”. Este ramaje, en el que realidad e imaginación se reconocen en sus semejanzas, y por otro lado, en el plano formal también un género que sólo se descubre después de haberlo escrito: “Mi método es muy simple: yo escribo. Y después los libros se irán armando solos (o no). Tampoco tengo muy en claro si lo que estoy escribiendo en determinado momento va a parar a un libro de ficción o de ensayo”.
Entre los escritores contemporáneos que rescata y con quienes ha logrado cierto vínculo están Alan Pauls, Rodrigo Fresán, pero también César Aira “a quien admiro hasta la reverencia absoluta. Es uno de los grandes escritores contemporáneos, no siempre bien comprendido”. En cuanto a escritores chilenos considera muy buen cronista a Pedro Lemebel y le interesa la obra de Diamela Eltit.
“Los años 90″, novela que fue un éxito y muy bien considerada por la crítica argentina. El libro tiene como escenario la tragedia familiar, un texto polifónico, en que la historia se cuenta a través de contestadoras telefónicas, diarios de vida, cartas, crónicas de viaje, etc. Por otro lado, atraviesa la historia cierta sensación o necesidad de escape: “Los años 90″ fue publicado bajo el signo del miedo a la muerte. Forzando un poco las cosas, digo que escribo huyendo de la muerte, de modo que cuando me llegue ese momento -que no me asusta- me gustaría haber hecho todo lo que quería. Irme tranquilo. Sentir que no me quedaron deudas”. Es esa necesidad de huida, escape, las que hacen de la novela un texto fragmentario, en el que se entremezclan varias características propias de la novela experimental.
A pesar de que a Link ha tenido grandes aciertos y éxitos por medio de la escritura, no ha dejado de lado su papel de profesor: “Yo soy docente de formación, y he trabajado de eso durante muchos años de mi vida, y al mismo tiempo puedo seguir defendiendo la dimisión de lo que sería la autocomplacencia del rol, así de intelectual, de escritor, o de artista”. Tiene cierta fe en el papel del profesor y en las resonancias que puede implicar las medidas educacionales dentro de un país. Las trincheras de batalla las encuentra en el ámbito académico, donde no sólo se dedica a formar y traspasar conocimiento, sino a luchar y mantener vivo el papel del profesor.
Hoy en día, junto a Piglia y otros escritores, está a cargo de la selección de obras que conformarán la bibliografía de estudio para alumnos de enseñanza media, nos cuenta respecto a esto Link: “Piglia tuvo esa idea, y le propuso al Ministerio de Educación de la Provincia de Buenos Aires (uno de los pocos que propuso una reforma integral del sistema educativo) que convocara a una reunión con profesores de universidades. Yo estuve en una primera reunión, y también Cristina Iglesias, Graciela Goldchuck, Miguel Dalmaroni, Mónica Bueno, Juan José Becerra… Religar a la educación superior con la educación básica y a los escritores con la pedagogía me parece una idea sumamente productiva”.
Sobre la figura del intelectual, Link, que se ha mantenido siempre activo y atento a este tema tanto como escritor y académico, cree que tras largo tiempo de estancamiento cultural, en que la cultura de masas ha obligado a los intelectuales a convertirse en fuerza de trabajo tanto a través de la prensa como en las universidades, hoy en día existe una forma, una posibilidad de hacer cultura y proyectar una nueva figura del intelectual por medio de Internet: “Me parece que con el advenimiento de esta nueva cultura ligada con internet y las nuevas tecnologías, se puede volver a pensar en el funcionamiento autónomo de los intelectuales. Puede cobrar fuerza la creación de redes intelectuales que en algún sentido sirvan para oponerse a la barbarie mediática. Los medios son efectivamente agentes de la barbarie en todo sentido. Contra eso, internet ofrece la posibilidad de generar corrientes de opinión ilustrada. Tal vez con internet podemos reinventar la figura del intelectual”.
La versatilidad de Link se refleja en cada uno de los espacios a los que dedica tiempo, en los que está siempre presente la ironía, la creación; la capacidad de reflexión lúcida y de experimentación, unidas a una intelectualidad profunda e interesantes análisis literarios. Un excelente crítico no sólo de literatura sino también de un contexto, de una realidad determinada, en la que hace falta escritores como Link que se atrevan “sin pelos en la lengua” a decir, a escribir, y abrir espacio a la discusión, y nuevas perspectivas desde donde acoger la literatura y el mundo.
Blogs personales del autor:
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