Perfil/ Idas y retornos: la historia de Margo Glantz
La familia Glantz, de origen ucraniano, llegó a México en la segunda mitad del siglo XX. Su padre Jacobo Glantz junto a su madre Lucía Shapiro quisieron muchas veces emigrar a Estados Unidos, ya que la mayoría de la familia se encontraba allá, pero les fue negado el permiso de ingreso. Así, Margo nace en México en 1930 “Distrito Federal, donde tuve la suerte de ver la vida entre los gritos de los marchantes de La Merced”, cuenta la misma autora. Mientras, su familia (sin dejar de ser fiel a sus tradiciones judías) poco a poco comienza a relacionarse con el mundo artístico mexicano. Su padre inicia una amistad con Diego Rivera y Fernando Leal, conoció también a Siqueiros y a Orozco, mostrando gran interés por las corrientes culturales de este país. Según Margo: “estas relaciones le permitieron vincularse con la cultura mexicana con enorme avidez. En ella, además, hallaba un reflejo de lo que había visto en Rusia, ya que ambas buscaban una renovación después de un movimiento revolucionario muy fuerte”.
A través de esta fusión cultural, entre la cultura mexicana y ucraniana-judía, hereda Margo Glantz, una amplitud de perspectivas culturales, entre las cuales aprende a diferenciarse, para encontrar alguna definición de sí misma: “no estudié ni el hebreo ni la Biblia ni el Talmud (porque no nací en Rusia y porque no soy varón) sin embargo muchas veces me confundo pensando como Jeremías y evitando como Jonás los gritos de la ballena. Como Juana de Arco oigo voces pero ni soy doncella ni quiero morir en la hoguera aunque me sienta atraída por ese colorido chillón (y bello)” Y agrega, acerca de su ascendencia judía: “Quizás lo que más me atraiga de mi pasado y de mi presente judío sea la conciencia de los colorines, de lo abigarrado, de lo grotesco, esa conciencia que hace de los judíos verdaderos gente menor con un sentido del humor mayor, por su crueldad simple, su desventurada ternura hasta por su ocasional sinvergüenza.”
Desde muy niña Margo Glantz vivió en constante cambio y mudanzas: del centro a Condesa, de Condesa a Tacuba, pueblo que marcó su infancia. Estos traslados implicaron también muchos cambios de colegios: dos años en la Secundaria Nº 15 y un año en la escuela Israelita de México, el bachillerato lo cursó en la Escuela Nacional Preparatoria Nº 1, en el antiguo Colegio de San Ildefonso.
En aquel ambiente intelectual y cultural creado por su familia, Margo se interesa por la literatura. Al parecer, no había libro que se salvara de esta pequeña lectora: tanto poesía, como mitología o relatos de grandes viajeros y descubridores, la llevarían más tarde (en su adolescencia) a aventurarse con Dos Passos, Faulkner, Kafka, Hermann Hesse y Thomas Mann, sin dejar de lado la literatura francesa, a los griegos o los autores latinos:
“Quizás sea excesivo decir que desde niña conocí íntimamente a Catulo, of all people!, pero sí, lo conocí leyéndolo en una antología de poetas clásicos que mi padre tenía en alguna parte de su heterogénea biblioteca donde se confundían ejemplares de libros en castellano, en yidish y en ruso”.
De los autores rusos que más marcaron su lectura y escritura fue Dostoiewki, el personaje de Raskólnikov o del príncipe Mishkin le servirán de ejemplo para autodefinirse, libros a los que vuelve una y otra vez encontrando huellas de sí misma en cada nueva lectura, así, confiesa con cierto humor: “En las épocas en que yo lloraba mucho siempre estaba perpleja porque no acertaba a descubrir el origen de tanta humedad. Una vez, en época de crisis, en París, más o menos exiliada de mí misma, me puse a leer de nuevo a Dostoievski…Y al leer El príncipe idiota descubrí que tenía algo de las dos cosas, es decir, de idiota y de rusa”.
En 1947 comienzan sus años de estudios superiores, fuertemente incentivada por sus padres decide estudiar literatura, exactamente Letras Inglesas, Letras Hispánicas e Historia del Arte, con especialidad en Historia del Teatro en la UNAM. Durante este período universitario conoció a muchos intelectuales destacados, que tenía como profesores, entre ellos: Alfonso Reyes, Julio Torri, Rodolfo Usigli. En 1953 viajó a Europa, con el fin de realizar su doctorado en Letras Hispánicas en la Universidad de la Sorbona, su tesis se tituló “El exotismo francés en México (de 1847 a 1867)”. Pero no sólo conoce Francia e Inglaterra, esta escritora y amante de viajes conoce también Suiza, Alemania, Inglaterra, Escocia, Holanda, España, Bélgica, Medio Oriente y Egipto, logrando un contacto directo y vivencial de una cultura occidental, a la que sólo conocía a través de los libros.
Ya de vuelta a México y reincorporada totalmente en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, dedica su tiempo a impartir cátedras y hacer grandes colaboraciones culturales a través de investigaciones sobre literatura mexicana. Reconocida, más tarde, por una variedad de premios, en 1983 fue nombrada directora de Literatura en el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), un año después obtuvo el Premio Xavier Villaurrutia por su libro Síndrome de Naufragios. En 1986 parte a Inglaterra, donde durante dos años es Agregada Cultural en la Embajada de México en Londres.
Pero esta novelista comenzó siendo profesora, lo que la llevaría a viajar y realizar cátedras en diversas universidades. Partió haciendo clases de tiempo parcial en el departamento de Historia del Teatro en la Facultad de Filosofía y Letras, luego en 1961 comenzó a enseñar en el Centro Universitario de Teatro y en la Escuela de Teatro de Bellas Artes de la UNAM.
Entre esos años de gran actividad académica, su pluma no fue desplazada, al contrario, publicó diversos ensayos y reseñas de teatro suplementos y revistas culturales. En 1966 fue contratada como Profesora de Tiempo Completo en la Facultad de Filosofía y Letras, en la carrera de Letras Hispánicas y Literatura Comparada.
Margo Glantz no tuvo, únicamente, gran interés en el ámbito académico, sino también en proyectos editoriales, siendo la fundadora y directora de la revista universitaria Punto de Partida, la que dirigió hasta 1970. En 1971 viaja a Estados Unidos, donde imparte clases en Montclair State College en New Jersey, en el que trabajó durante 3 años.
Al parecer la vida de esta escritora está marcada por viajes y retornos, relaciones permanentes entre una cultura y otra. Ese traspaso o traslado, la convierte al mismo tiempo en una observadora sensible de aquellos mundos que la rodean, plasmando una compleja gama de relaciones en su escritura. Según Víctor Gerardo Rivas, uno de los elementos y características que mejor definen su trabajo escritural, es la intertextualidad: “Un objeto que habla de la pérdida- dice Margo Glantz-, de la destrucción, de la desaparición de objetos, no habla de sí, habla de otros; ¿los abarcará también?”. Al parecer, sus reflexiones literarias también nos hablan, de manera subterránea, del elemento clave que une toda su obra, la interrelación. Aquella capacidad de unir tanto la crítica, la reflexión y las miles de relaciones o conexiones entre autores y teorías; con la experiencia vivida, la originalidad y vitalidad de sus textos.
Sus libros exploran tanto el campo creativo como la crítica, nos encontramos con novelas, cuentos, crítica, ensayo, etc. Entre sus obras de ficción más reconocidas, destacan: Las mil y una calorías, 1978; Las genealogías, 1981 (Premio Magda Donato 1982); Apariciones, México, 1996; El rastro, 2002 (Premio Sor Juana Inés de la Cruz 2004); Saña, 2006. En cuanto a su obra ensayística, es bastante abundante y reconocida por títulos como: Viajes en México. Crónicas extranjeras, 1964; Repeticiones. Ensayos sobre literatura mexicana, México, 1980; La Malinche, sus padres y sus hijos, 1994, o Sor Juana: La comparación y la hipérbole, 2000.
Actualmente se dedica a una intensa actividad académica e intelectual, lo que la ha transformado, a lo largo de su trayectoria, en una figura fundamental en el ámbito cultural y académico mexicano, llegando a ser Miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, en el 2004. Un año más tarde, es nombrada por la Universidad Autónoma Metropolitana Creadora Emérita Honoraria del Sistema Nacional de Creadores con el Doctorado Honoris Causa.
Margo Glantz nos muestra a través de su obra y vida cierta inquietud por descubrir y descubrirse a través de la literatura, la investigación y los viajes, aquellos “autoexilios” que la obligan a reencontrase en la distancia. Reconstruir su identidad, recordar una vida, una historia antes de la suya, como comenta en su autobiografía Las genealogías: “A ese tipo de viaje me he lanzado estos últimos meses y en los recovecos de la realidad y de los países que he visitado voy espiando mis orígenes, sobre todo suceden coincidencias, las que me hacen amar por encima de todo la ciencia ficción y las aventuras de folletín…la maravilla de aventuras que coinciden y nunca terminan”.
Su sensibilidad y especial humor, heredado de sus raíces judías, definen el estilo particular de su escritura. Una escritora judía, mexicana y rusa que conjuga en sus obras una sensibilidad característica a base de ironía y reflexión: “una simple reflexión lacrimosa ante lágrimas vertidas convenientemente a lo largo de mi vida…ahora no lloro más porque se me acabaron las lágrimas y la culpa fue de mis lentes de contacto que me ulceraron la córnea”.







