Perfil Sergio González: Recolector de Huesos en la Ciudad Maldita de Juárez
¿Qué es lo que lleva a un escritor a investigar sobre tortura, asesinatos en serie, y el encubrimiento policial de estos mismos? , y más aún, atreverse a realizar una investigación periodística que podría atentar a su propia vida. Es el caso de Sergio González, critico, ensayista y narrador mexicano. Personaje de 2666 mucho antes de ser conocido por su obra “Huesos en el Desierto”. Bolaño decide incluir a González en su novela justo cuando éste preparaba una excelente seguidilla de reportajes sobre los asesinatos de mujeres en la ciudad maldita de Juárez, altar sacrificial por excelencia, la famosa Ciudad de Santa Teresa, como la llamaría Bolaño en su obra póstuma, en la que suceden una serie de crímenes contra mujeres pobres, hechos que Bolaño deseaba conocer con mayor exactitud a través de González: “Se enteró por comentarios de amigos en común, como Jorge Herralde y Juan Villoro, que yo elaboraba un libro acerca del femicidio juarense, y se puso en contacto conmigo por correo electrónico. Quería conocer detalles muy específicos de la vida delincuencial en Ciudad Juárez. Estaba muy enterado de los asesinatos en serie, conocía el tema en profundidad, pero quería que lo pusiera al tanto de cosas como las armas, los calibres, los vehículos que usaban los narcotraficantes, o me solicitaba que le transcribiera actas judiciales donde se describían los homicidios. Incluso intercambiábamos puntos de vista acerca de las opiniones de los criminólogos y criminalistas. Era un auténtico obseso del tema, un detective salvaje. Y el resultado de sus saberes es estremecedor.” De esta manera González termina siendo una gran fuente de información y base de creación para un personaje en medio de una tragedia.
Esta mitologización que hace Bolaño, tiene en gran medida que ver con la imagen de intelectual al que extrañamente se le ve interesado por temas que podrían caer en lo sensasionalista y morboso como podría ser una crónica policial, tal como describe a González en 2666 “Normalmente no hubiera aceptado el encargo, pues él no era un periodista de crónica policial sino de las páginas de cultura”, pero González acepta su propio reto de indagar en el tema, y termina elaborando una nueva perspectiva crítica y una interesante reflexión acerca del femicidio en ciudad de Juárez, y al mismo tiempo declarar a México como el país de la impunidad, y del olvido frente a la injusticia, México como matadero donde la sangre derramada nunca es suficiente.
Sergio González nace en 1950, estudió Letras Modernas en la UNAM.A sus 58 años ha trabajado como consejero editorial y articulista de los diarios Reforma y de su revista cultural El Ángel y como participante del Consejo de Colaboración de la revista Letras Libres. Sus obras más reconocidas se mueven entre diversos géneros, como el reportaje, el ensayo, la novela, logrando así muchas veces una interesante combinación en sus textos, de sus títulos podríamos nombrar: El centauro en el paisaje (1992) , con el que fue finalista del Premio Anagrama de Ensayo en Barcelona, España, Huesos en el desierto (2002) finalista del Premio de Reportaje Literario Internacional Lettre/Ulysses 2003 en Alemania. También ha publicado la novela El triángulo imperfecto (2003), Editorial Era, una nouvelle conceptual-conjetural El plan Schreber (2004), formato DVD, la novela titulada La pandilla cósmica (2005) Editorial Sudamericana, De sangre y de sol (2008) y su última obra El vuelo (2008) en la que relata el mundo y realidad de un narcotraficante desde la insolación y alucinación provocada por la droga misma.
González generalmente se había dedicado al ensayo literario y filosófico y al periodismo cultural, hasta que se presenta en su vida la oportunidad de conocer ese desierto maldito: “Hacia 1995, la prensa mexicana comenzó a divulgar la existencia de homicidios de mujeres en Ciudad Juárez, algo que parecía, y a la postre resultaría cierto, un caso de asesinatos seriales. Era la época de la publicidad de tal término, en particular, debido a la película de Jonathan Demme, El silencio de los inocentes. Me pareció necesario indagar hasta qué punto los sucesos en la frontera mexicana eran realidad o efecto de la fantasía fílmica o literaria. En cuanto llegué a Ciudad Juárez, en la primavera de 1996 para hacer un reportaje que publicaría el periódico Reforma, supe que me enfrentaría al drama del verdadero México profundo, el de la impunidad y la violencia extrema” Es a partir de ese momento que Sergio González cambia de rumbo y se dedica a realizar una acabada investigación sobre las extrañas y horribles muertes que llegan a la cifra de 4.500 muertes y 500 cadáveres de mujeres violadas, estranguladas y mutiladas en el desierto. El verdadero Infierno como diría Bolaño.
De alguna manera para González esto significaría un reto, lograr no sólo dar índices detallados y próximos a delatar los verdaderos culpables de estos asesinatos, sino que a través de esta aventurada investigación y sus resultados, lograr humanizar el tema escapando de lo mediático e intrascendente que puede llegar a ser la muerte mirado únicamente desde el horror y espanto, sin descubrir la real causa de tantas víctimas: “la pesquisa sobre el femicidio en Ciudad Juárez era una suerte de reto intelectual y ético que debí enfrentar. En México es una constante el problema de la injusticia y la corrupción institucionales, y en mi primer viaje a la frontera Norte supe que, en la trama llena de claroscuros, existía un asunto trágico del que casi nadie quería hablar: la connivencia de la autoridad con delincuentes”.
Sergio González decide escribir sobre un tema escabroso que significaría una gran amenaza para él. El tema de las extrañas conexiones entre policías y asesinos lo obsesionaba, de ahí que comienza a escribir durante 6 años para el diario La Reforma diversos e interesantes reportajes sobre Ciudad de Juárez, los que eventualmente se transformarían en fuente y base de “Huesos en el Desierto”. Pero más allá del interminable interés por descubrir y explorar su lado detectivesco, existe otro hecho en su vida que lo lleva a tomar esa decisión, el asalto y amenazas sufridas por González que si bien podrían haberlo matado negándole la posibilidad de terminar la investigación, fueron por el contrario la razón que incentivó de manera definitiva la realización del libro, en las palabras del mismo González: “En 1999 sufrí un asalto, secuestro y amenazas que me arrojaron al hospital. Esto aconteció en la víspera de publicar una nota en la que mencionaba la injerencia de gente de poder policíaco y político en el femicidio en Ciudad Juárez. En el 2000 decidí que tendría que escribir un libro al respecto, puesto que los acontecimientos tendían a hacerse cada vez más complejos. Un libro les daría orden”. Hay en González la idea del castigo, esa palabra que en México sólo se oye de lejos, como si todos negaran la existencia del verdadero culpable por temor, pero para este escritor el deber de la literatura es ofrecer otra perspectiva de los hechos mirarlos desde una conciencia crítica y no empañar más la justicia y con esto cambiar el orden de lo implantado como real: “La memoria de las víctimas, su muerte vil lleva a insistir en busca de justicia. Uno quisiera el castigo para los verdaderos culpables y que nunca volvieran a suceder estos crímenes. Esta es una de las funciones que llega a cumplir la literatura en todo tiempo y lugar”.
Sergio González nos ofrece la lectura de la realidad como si ésta fuera un libro, reconstruye hechos extremos que nadie conoce en profundidad, logrando así una investigación de valor impactantemente periodístico, y una sutil manera de cambiar la mirada al lector. Al parecer, como afirma el propio autor, este tipo de fenómenos reactivan una creatividad e inspiración en los escritores mexicanos, el sacrificio que delata a los verdaderos culpables, incita a luchar contra la brutalidad, que muchas veces es la que gobierna: “El tema se ha vuelto un emblema de la lucha contra la impunidad, y en los gremios de creadores y artistas se ha convertido en una fuente para inspirar denuncias y despertar la imaginación contra la barbarie. En buena parte se trata de reivindicaciones feministas y críticas al machismo imperante, o a la corrupción de las autoridades de diversos partidos políticos”.
Un detective, un escritor y periodista que acepta el reto de desenmascarar a una sociedad, a un país que niega la causa real de los hechos, y que a través de sus textos ilumina de manera crítica una realidad grotesca, o como diría Christopher Domínguez: “González Rodríguez se convirtió en un “escritor civilizatorio”, un escritor que nos muestra desde lo humano el horror de una masacre”.
