Roger Chartier es hoy en día uno de los historiadores e investigadores más relevantes en el ámbito de la Historia de la cultura. A sus 63 años cuenta con una larga trayectoria académica y el reconocimiento de una obra que ha cambiado la perspectiva de la historia cultural y precisamente en el mundo del libro, sus lectores y las formas de interpretación de una obra a través de tiempo. Esta nueva forma de ver la historia cultural propone desplazar los estudios clásicos, lo que nos obliga – según el mismo autor- “a pensar de manera más compleja y dinámica las relaciones entre los sistemas de percepción y de juicio y las fronteras que atraviesan el mundo real”
Chartier nace en 1945 en Lyon, (Francia), su formación intelectual se dio a través de la llamada escuela de los Annales, en los años 60, donde dedicó sus primeros trabajos a la historia de la vida privada y la reconstrucción de significados en las interpretaciones de una obra a través de la historia, lo que permitió la publicación de títulos como: “Lecturas y lectores en la Edad Moderna” (1993), “El orden de los libros” (1994), “El mundo como representación” (1995), “Inscribir y Borrar. Cultura Escrita y Literatura (Siglos XI-XVIII)” (2006), “La historia o la lectura del tiempo” (2007) y “Escuchar a los muertos con los ojos” (2008), entre otras.
Además de su exitosa vida académica, y sus interesantes trabajos de investigación, Chartier reconoce una figura que influencia de manera significativa su concepción de la historia: “un historiador importante para mi formación fue Denis Richet, conocido por un pequeño pero maravilloso libro sobre las instituciones del Antiguo Régimen. Constituyó este el momento en que surgieron nuevas formas de entender la historia cultural, las que, apoyadas en cifras y en series, intentaban comprender las discrepancias socioculturales a partir de indicadores medibles estadísticamente”
Gran parte la obra de Chartier ha estado orientada a las transformaciones sociales y políticas de la historia europea y que luego se enfocaría principalmente al análisis de la historia del libro. Entre 1969 y 1976 fue asistente en la Soborna, y más tarde en 1984 obtiene el cargo de Director de estudios del centro de investigaciones históricas de l`École des Hautes Études en Sciences Sociales de París, un momento importante de su vida: “Fue un periodo muy agradable, que recuerdo con felicidad (…) Una de las cosas más importantes de estos años fue la posibilidad de encuentro y discusión con colegas extranjeros, que promovió la crítica de la historia cultural tal como se la practicaba en ese momento. A partir de esos encuentros se fue produciendo una evolución compartida con historiadores de diversas generaciones, desde una historia que buscaba una lectura más científica del pasado a una historia que ha reintroducido otro tipo de cuestiones; por ejemplo, las relacionadas con la circulación del escrito impreso y las prácticas de lectura.”
A partir de los años 80 Chartier comienza a involucrarse de manera más definitiva en la historia del libro, los editores y lectores, manteniendo un diálogo constante con otras disciplinas como la filosofía y la historia literaria, así como con autores fundamentales como Michel Foucault o Michel de Certeau, de quienes también rescata la idea del discurso como una forma de relato. Para él la dimensión narrativa de toda escritura histórica, pone en un serio desafío a todos los que ven la historia como algo estático, en que el juego y la ficción no pueden entrar: “el desafío es de una gravedad particular en un tiempo en que las fuertes aspiraciones y tendencias a realizar historias comunitarias, de identidades, corren el riesgo de anular toda distinción entre un saber controlado, universalmente aceptado, y las reconstrucciones míticas de pasados imaginarios”. De esta manera pone en tapete los enfrentamientos del historiador como creador de un discurso imposible de objetividad.
Pero no sólo se ha preocupado de la ficcionalidad del discurso o la imposibilidad de escribir el pasado, sino también de lograr establecer un vínculo entre la historia del libro y la historia de la lectura, para Chartier la historia del libro es uno de los mayores dominios de la historia cultural, ya que supo definir sus propios objetos: la producción impresa, las estrategias editoriales, las diversas formas de posesionamiento del libro en una sociedad determinada. Este último punto es característico en toda su obra, Chartier define desde la lectura el modo de entender los textos. En su libro “El juego de las reglas” – que él mismo define como un libro acerca de libros- reflexiona y abre una discusión acerca de la forma en que cada sociedad y época se apropian de un texto y hacen una determinada interpretación, pero más allá de esto lo que pretende es saber lo que significa realmente leer un texto en cada época o lugar y cómo el texto va cambiando no sólo sus propias reglas, sino las reglas de las mismas prácticas sociales. Es decir, los libros pasan a ser no un resultado, sino un objeto de estudio, un dispositivo cultural que proporciona nuevas fuentes y campos de trabajo al historiador, como al mismo tiempo, otorgan posibles lecturas del mundo.
Por eso Charter fija constantemente su mirada en textos clásicos, que no sólo han sido interpretados a través de la lectura sino a través de un traspaso oral, o de la dramatización, como lo son las obras de Cervantes y Shakespeare. Aquellos fenómenos de apropiación por los que ha pasado tantas veces Hamlet y El Quijote a lo largo de la historia cultural y que pasan a ser textos y lecturas movibles y variables: “Siempre estuve interesado por las obras literarias y por entender la pluralidad, el efecto de los libros en las personas alejadas en el tiempo. Shakespeare y Cervantes escribieron a fines del siglo XVI y comienzos del siglo XVII y hoy los leemos pesa a la distancia cultural. A diferencia de las escritura, la inmensa mayoría de las lecturas no dejan huellas y esa es la dificultad para el historiador, que debe recorrer las diferentes situaciones de producción y recepción de los textos desde el comienzo de la escritura hasta hoy, cuando la irrupción del texto informático nos lleva a la tercera revolución de la historia de la escritura”.