Perfil Alan Pauls: el secreto a gritos

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Alguna vez su nombre fue parte de un mito, un personaje supuestamente creado por un grupo de escritores, el nombre “Alan Pauls” comenzó a susurrarse de oído a oído, de escrito en escrito. Apareció como personaje en la novela “El mal de Montano” de Vila- Matas y, por otro lado, Roberto Bolaño afirmaba que Pauls era “uno de los mejores escritores latinoamericanos vivos”. Desde que ganó el premio Herralde con su novela “El pasado”, Alan Pauls, confirmó su existencia a pesar de lo mucho que le habría gustado ser parte de aquella ficción: “casi llegué a creerme eso de que era una invención de Bolaño, Rodrigo Fresán y compañía, y confieso que me hacía muy muy feliz, casi tanto como ganar el premio”.

Alan Pauls (1959, Buenos Aires) es Licenciado en Letras y ejerció la docencia universitaria en Teoría Literaria, en la Universidad de Buenos Aires. Sus primeras incursiones como escritor se dieron a conocer con sus críticas de cine y literatura, en diversas revistas, entre estas “Página/30”, y diarios como en el suplemento cultural de “Página/12”, además de su trabajo como fundador de la revista “Lecturas críticas”. A sus 49 años ha participado en varios guiones cinematográficos como “Los rubios”, de Albertina Carri, “Vidas privadas”, “La Era del ñandú”, “Sinfín”, entre otros. Su vínculo con Raúl Ruiz empieza desde muy temprano, el cineasta chileno se habría adelantado a usar algunos textos de Klossowski antes que el mismo Pauls se atreviera a dar el primer paso al hurto, aquella envidia no tardó en transformarse en una profunda admiración: “me quedó grabado el nombre del cineasta- Raúl Ruiz- , y con el nombre el asombro, la satisfacción, la mezcla de complicidad y envidia que me provocó enterarme de que había en el mundo alguien tan extravagante como para llevar al cine una literatura áspera, abstracta, tan poco hospitalaria como la de Klossowski”.

A sus catorce años su padre lo lleva a ver “Tres tristes tigres” al Auditorio Kraft, donde según Pauls, durante el día se especializaba en cine latinoamericano y durante la noche conciertos de rock. Desde que comienza a frecuentar esa pequeña sala de cine, algo cambia definitivamente y queda grabado en su retina, ese algo que luego ansía con una necesidad imperante y que confirma una vez que vuelve y se encuentra con “Las tres coronas del marinero”: aquel barroco a la chilensis que Raúl Ruiz llamaba “un asunto de economía”, al tratar de meter en un cuadro la mayor cantidad de elementos sin romper el marco. Esta desconcertante y asombrosa forma de hacer cine marca una influencia y concordancia fundamentales para su posterior trabajo creativo: “la película de Ruiz- con su inteligencia feroz, su neorrealismo trucado, su humor, sus lúmpenes torpes y ensimismados- funcionó para mí como un verdadero lavado de cerebro”.

Pero además de su colaboración y gestión de guiones cinematográficos, gran parte de su obra la ha dedicado a la literatura, entre sus novelas nos encontramos con “El pudor del pornógrafo” (1984), donde juega con el género epistolar, “El coloquio” (1990), donde desarrolla un espacio imaginario de incertidumbres y equívocos alrededor de una trama policial, “Wasabi” (1994) que trata sobre su viaje y experiencia en Francia y en el puerto de Saint- Nazaire ( primera novela en que trabajó decididamente con un material personal y biográfico), y su última novela “Historia del llanto” (2007), publicadas la mayoría bajo la editorial Anagrama. Hoy en día se dedica a la crítica literaria y cinematográfica, colaborando en diversas revistas de Latinoamérica y Europa, además de ser parte del jurado del concurso de Cuentos Paula desde 1999.

Los desafíos son su mayor incentivo, para este escritor una obra de arte no debe responder a los estándares de “calidad”, sino más bien provocar una perplejidad en el lector, el cuestionamiento de si lo que se está leyendo es una obra de arte: “hay que buscar formas de romper esa calidad promedio, porque el problema es que se vuelve todo muy uniforme (…) prefiero el desconcierto, la perplejidad, la incomodidad”. El mismo desconcierto que la lectura de “El caso de Berciani” provocó en Bolaño, y que lo obligó a releerlo repetidas veces sin dejar de encontrar en él un “monstruo perfecto”.

Y quizás Bolaño tenía razón, aquella disposición de los párrafos y de las oraciones que corren a una velocidad vertiginosa, imágenes que merecen ser releídas, donde cada palabra cobra un valor, una significancia inesperada, y única en su contexto, define una particular sensibilidad en sus novelas y cuentos.

Su novela “El pasado” fue escrita en un largo proceso de cinco años, una novela escrita sin relectura, según afirma su propio autor, y que a medida que avanzaba, más daba cuenta de la distancia entre aquel personaje que comenzó a escribirla y aquel que estaba poniéndole fin. Una historia de amor entre Rímini y Sofía, la separación de una relación de 13 años, el derrumbe de una etapa o “el exceso de vida que lleva al desmoronamiento” como bien dice Pauls. Hay que quitarle vida a la vida para que no se derrumbe, y es lo que precisamente se desarrolla en esta novela.

Hay cierto cosquilleo, inquietud que mueve la sensibilidad de Pauls a los temas descompensadores y que forman parte de un espacio íntimo: el dolor, la ruptura, el amor, el llanto. En “Historia del llanto” Pauls escribe desde la distancia del recuerdo: un protagonista de 13 años que siempre quiso ser Superman, ponerse el traje de baño y sumergirse en la pileta en busca de un mundo inventado, una infancia “feliz”, pero termina sabiendo que esa felicidad no era más que una causa del dolor, aquel dolor que es más excepcional que todos aquellos recuerdos juntos: “comprobar la sospecha de que toda felicidad se erige alrededor de un núcleo de dolor intolerable, una llaga que la felicidad quizás olvide, eclipse o embellezca hasta volverla irreconocible pero que jamás conseguirá borrar”. La primera herida que termina siendo la última noción de llanto.

Un joven que entiende el dolor, que lo suelta, que le enseña al padre la verdadera sensibilidad con cada llanto que le regala. El llanto que se transforma en vínculo, en expresión, en palabra, pero que es finalmente reemplazado por aquella manera tan adelantada y precoz de entender el mundo: aquel niño-hombre que comprende el origen de su sensibilidad, y que sin embrago, no puede soltar ni sola una lágrima: “El también quisiera llorar. Daría todo lo que tiene por llorar, pero no puede.”

Un Alan Pauls, obsesionado por el cine, la literatura, las mujeres, considerado por si mismo un hipocondríaco y experto en el arte de robar libros- aunque ahora al parecer retirado-. Si alguna vez Alan Pauls dijo que Chile era un lugar fibroso y que si fuera una parte del cuerpo sería la pantorrilla, esperemos que cada una de sus obras provoquen más de algún calambre para no olvidar.

El destacado escritor y guionista argentino, Alan Pauls, participará en la Cátedra Bolaño

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El próximo martes 30 de Septiembre el escritor argentino Alan Pauls dictará su conferencia: “Manuel Puig: la zona íntima”. Alan Pauls a sus 49 años ha escrito interesantes guiones cinematográficos, ( “Los rubios” y “Vidas privadas”, entre otros), además de novelas y ensayos sobre literatura argentina, particularmente sobre J. L.Borges, Manuel Puig y Roberto Arlt, publicando la mayoría de su obra bajo la editorial Anagrama. Entre sus obras más destacadas nos encontramos con ” El Pudor del Pornógrafo” (1984), donde utiliza el género epistolar; “Wasabi” (1994), una especie de novela de viaje, “El pasado”, novela que ganó el Premio Herralde y su última novela publicada el 2007 “Historia del llanto”, donde reflexiona a través de la mirada de un joven de 13 años los viejos tópicos de los años 70`s. Actualmente colabora en diversos diarios y revistas escribiendo crítica literaria y cinematográfica, como en el diario Página/12, y en la revista Página/30, o “Qué Pasa”.

Esperamos la asistencia de todos a la Cátedra Bolaño este próximo martes para compartir con nuestro invitado Alan Pauls, quien, según Roberto Bolaño “es uno de los mejores escritores latinoamericanos vivos”. La Presentación estará a cargo de Héctor Soto, reconocido columnista y crítico de cine.

Lugar: Auditorio de la Facultad de Comunicación y Letras ( Vergara 240, metro los Héroes)
Hora: 12:30

Kafka por sí mismo en Cátedra Bolaño

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El pasado jueves 4 de septiembre la filósofa y escritora Carla Cordua presentó su conferencia “Kafka por sí mismo”, en la Cátedra Bolaño. Carlos Peña, fue el encargado de presentar a la invitada y de dar inicio a la actividad: “Carla Cordua es quizás la invitada que mejor encaja en esta cátedra (…) ya que respira literatura al igual que Bolaño (…) y más que literatura, a lo que se dedica esta filósofa es al lenguaje, para explorar una condición humana, aquello que a Kafka también perturbaba de una manera singular”. De esta manera partió la presentación de una escritora que se mueve con la misma naturalidad entre la filosofía y la literatura. Carlos Peña hizo énfasis en aquel interés dual y equilibrado por parte de la autora frente a estas dos disciplinas: “la filosofía como la literatura conquistan verdades inéditas”. Y son éstas también las encargadas de alejarnos como de acercarnos la realidad, según el propio presentador la obra de Kafka sería un ejemplo de este alejamiento de la realidad para el lector, y rescatando una afirmación de la invitada, cerró la presentación: Kafka nos entrega la experiencia de ser extraño en este mundo, ser un ignorante del mundo.

Carla Cordua inició su conferencia definiendo la importancia escritural y vital que significa la elaboración de un diario de vida. Aquella escritura que parte- según Kafka- sin inspiración, que sólo es dada a partir de hechos cotidianos, hechos irrelevantes; pero que de alguna manera se hace un ejercicio necesario, casi de sobrevivencia, que termina develando o muchas veces provocando una inspiración, una reflexión mayor que una obra. Para Cordua un diario de vida podría en ocasiones sobrepasar a una obra literaria, llegar a ser más sorprendente que el trabajo destinado a publicarse. Aquel aferrarse al diario, un “retorno al refugio salvador” como lo vivió Kafka, que terminó siendo en variadas ocasiones un salvavidas entre sus interminables crisis provocadas por los otros, que no eran más que él mismo. Aquella desesperación de encontrarse con sus propios fantasmas. Cordua, a través de esta conferencia mostró al público este atormentado escritor, una especie de “paradigma del escritor descabellado”. Un Kafka que no se soportaba más que a su padre, que no podía concebir como mejor ni peor la soledad de la convivencia- de ahí sus amoríos a distancia- Un Kafka que sentía la imposibilidad de escribir, porque terminaba escribiéndose a sí mismo, y que a través de sus diarios simulaba distanciarse del ruido que le causaba una producción literaria que no lo convencía del todo. He ahí el ojo de Cordua que se posa en una genialidad nunca reconocida por su autor y que rescató a través de esta conferencia.

GALERIA DE FOTOS

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de izquierda a derecha: Carlos Peña, Rector de nuestra casa de estudios, Carla Cordua.

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de izquierda a derecha: Eduardo Sabrovsky, Roberto Torreti (Filósofo y esposo de Carla Cordua) , Raúl Zurita.

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Visita a Biblioteca de la Facultad de Comunicación y Letras
De izquierda a derecha: Cecilia García- Huidobro, Decana de la Facultad de Comunicación y Letras, Paulina Godoy, Directora ejecutiva de Bibliotecas, Carla Cordua.

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Libros firmados por la autora

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