Perfil: Aproximaciones a Carla Cordua

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Para hablar de Carla Cordua hay que tener en cuenta una lista de datos. A sus 83 años ha escrito cerca de doce libros de filosofía y literatura, es catedrática de de la Universidad de Chile y de Universidades de otros países, además es miembro de la Academia de la Lengua Chilena. Entre sus textos nos podemos encontrar desde Heidegger, Kafka, a la Revolución pingüina o el Tansantiago. Ha leído y estudiado un sinnúmero de libros, apasionándole tanto la filosofía como la literatura. Está casada con otro filósofo, Roberto Torretti, con quien fundó a fines de los años ‘60 el Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad de Chile.

Asegura que desde los 4 años lee el diario y hoy en día es columnista del Artes y Letras de “El Mercurio”, donde dedica una reflexión crítica e interesante acerca de cultura, filosofía y poesía. En uno de sus artículos citó al poeta Claudio Bertoni, de quien rescata su lenguaje, y más aún la poesía a partir de hechos cotidianos. Es notorio el interés de la filósofa por este tipo de poesía, y de autores como T.E Hulme, poeta que a comienzos del siglo XX pretendía hacer poesía de modo corriente “como hablaría de cerdos”.
Entre los autores a quienes ha dedicado sus reflexiones nos encontramos con Borges, Dostoievsky, Machado y Kafka, al que ha tenido la suerte de haber leído en alemán: “es increíble, espeluznante, cuando lo leí en alemán me di cuenta que aspectos como su sentido del humor, se pierden en la traducción. Kafka tiene la imaginación al nivel de aquellos que inventaron las mitologías griegas”.

La obra de Carla Cordua se mueve libremente entre la literatura, filosofía, y cultura. En su libro Incursiones, publicado por Ediciones Diego Portales, postula interesantes estudios literarios sobre Cervantes, Joseph Conrad, J.M. Coetezee y Juan José Saer, sin dejar de lado la discusión crítica acerca de temas planteados por autores como Husserl, Heidegger, Sartre, Cioran y Sloterdijk. En el mismo libro también pone en discusión la “identidad nacional” como algo imposible de determinar: “Se habla de identidad en países que tienen dos mil años de existencia, más de una historia de integración sucesiva. Y lo que yo afirmo es que no puede existir una teoría de la identidad, como pretenden algunos intelectuales. No es un objeto para estudiar como la vida de las hormigas. La identidad chilena no se define, por ejemplo, por las empanadas y el vino”.

Carla Cordua trabaja hoy en día como Directora de la Revista de Filosofía de la Universidad de Chile, siempre tiene alguna actividad fuera de su casa, tratando de mantenerse en contacto con lo contingente: “Lo único que tengo bien es la cantidad de energía. Sigo trabajando, hago millones de cosas”.

Aquella autonomía que ha demostrado, se da desde muy temprano, en una adolescencia marcada por el deseo de independización. Carla Cordua se casa a los 18 años porque estaba aburrida de su casa, tuvo su único hijo y se separó, luego decidió estudiar Filosofía porque pensó que era fácil y podía trabajar al mismo tiempo, pero no fue tan fácil como pensaba: “ al poco andar, comprendí que la independencia parte por la independencia económica”. Aún así terminó siendo muy tempranamente ayudante y luego profesora en la misma Universidad. Las tareas difíciles la motivaron a seguir estudiando a autores cada vez más complejos: “Tengo una vocación para complicarme la vida, que no sé de dónde la he sacado. Como que me provocan las cosas difíciles. Y una vez que uno se mete en esto, es una disciplina muy fascinante”.

Estudió en el Pedagógico de la Universidad de Chile, donde conoció a su actual marido. Después de haber fundado el Instituto de Estudios Humanísticos y haber luchado por mayores beneficios para los estudiantes, se va de Chile junto a Roberto: “Nos fuimos de Chile porque estábamos muy aburridos con la llamada reforma universitaria y la peleas que había en el año 70, antes de la elección de Allende. Y nos quedamos 28 años. No vivimos ni la Unidad Popular ni el Régimen militar”. Durante esos 28 años fuera, en New York y Europa, aprendió a perfeccionar el alemán y llegó a aprender cerca de 6 idiomas, base que considera fundamental para entender filosofía, y que cree que falta en la educación universitaria en Chile: “la tradición filosófica en castellano es muy pobre”.

El año pasado fue condecorada al Mérito Amanda Labarca que entrega la Universidad de Chile cada año a mujeres que destacan en diversos ámbitos profesionales. Mérito que refleja la indiscutible tradición que inaugura el pensamiento crítico y filosófico de esta escritora.

La reciente condecorada al Mérito Amanda Labarca, Carla Cordua, en Cátedra Bolaño

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La filósofa y escritora Carla Cordua será la próxima invitada a la Cátedra Bolaño, el día Jueves 4 de Septiembre dictará su conferencia: “Kafka por sí mismo”. Carla Cordua es Directora de la “Revista de Filosofía “de la Universidad de Chile, donde también cofundó y dirigió el Centro de Estudios Humanísticos. Su obra está compuesta por once libros publicados en Chile como en el extranjero, obra que nos ha entregado durante años un profundo análisis y pensamiento critico desarrollado a través del diálogo con algunos filósofos, entre estos: Kant, Hegel, Heidegger, Wittgenstein, Sartre, y el chileno José Echeverría, como de literatos desde Homero, Cervantes, Borges, Kafka o Dostoievski. Desde ya hacemos el llamado e invitamos a todos a compartir de una nueva instancia junto a la reciente condecorada con el Mérito Amanda Labarca, Carla Cordua. La Presentación estará a cargo de Carlos Peña, rector de nuestra casa de estudios.

Lugar: Auditórium de la Facultad de Comunicación y Letras UDP ( Vergara 240)
Hora: 12:30

Llega la trasvestida pluma de Maria Moreno a la Cátedra Bolaño

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La visita de la escritora Maria Moreno a la Cátedra Bolaño cautivó a muchos estudiantes como al público que asistió a su conferencia: El Decir YO siempre estuvo de Moda. Tanto las palabras de Moreno como el estracto de su programa Portaretratos presentado al final de la conferencia, reflejaron una interesante reflexión en torno a la confección de un Yo escritural ficcional o biográfico tan variable como ausente. La posibilidad de transgredirlo a través del la utilización de un “otro” y reinventarse, aquel trasvestismo escritural que ha demostrado en sus propias obras, y que también se ha encargado de analizar en los mismos travestis de Buenos Aires, a través de sus entrevistas o de su trabajo como editora en la revista de poetas y escritores travestis El Teje, que presentó en la misma conferencia. Nadie que haya asistido olvidará el nombre de Naty Menstrual, que según la propia Moreno, será un hito.

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( De izquierda a derecha: Pedro Lemebel, Juan Pablo Sutherland, Manuel Vicuña, Decano Facultad de Cs. Sociales e Historia )

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Donación de libros de María Moreno a la Biblioteca de la Facultad de Comunicación y Letras
(De izquierda a derecha: Paulina Godoy, Directora ejecutiva de Bibliotecas, Rodrigo Rojas, Director Escuela de Literatura Creativa, María Moreno, Cecilia Gracía-Huidobro, Decana Facultad de Comunicación y Letras)

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“Banco a la Sombra” y “Vida de Vivos” firmados por la autora.

Fotos de María José Durán

Perfil María Moreno: Una Nena y dos apellidos

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María Moreno, es uno de los heterónimos, seudónimos, o personajes que utilizó María Cristina Forero en la década de los `80 para firmar su columna “A tontas y a locas” en el diario Tiempo Argentino. Nombre que terminó representando a una de las mejores- y más polémicas- cronistas y críticas culturales de Argentina, a partir de entonces, personaje y escritora lograron unirse a la perfección: “a veces yo -eso que se llama yo- soy Cristina Forero y María Moreno es un personaje que produce textos que me dan de comer. A veces percibo diferencias entre las dos; a veces, creo que se funden. También tengo una duda sobre su orden. Y por suerte están los porteros eléctricos: nunca sé con cuál voy y vacilo al anunciarme”.

María Cristina Forero se autodefine como “periodista y crítica cultural”, pero además es narradora, coleccionista, pintora y editora; lo mismo sucede con su obra, al trabajar con una variedad de géneros y temas, intentando siempre innovar el periodismo. Existe en ella el interés por los temas periféricos: los ghettos, la mujer, travestis, etc. Sabemos también que vive en El Once y que entre sus autores vivos favoritos están Collette, Lucio V. Mansilla y John Berger. Es una escritora que no pretende tener el control sobre sus obras, relacionándose con la escritura como con un juego de azar, o como ella misma lo afirma: “otra manera de soñarme irresponsable, despeinada”. Actualmente coordina el área de Comunicación del Centro Cultural Rojas y conduce el programa Portarretratos en el canal de la Ciudad.

Aunque María Cristina Forero hoy en día es conocida bajo la firma de María Moreno, inició su carrera en el diario La Opinión escribiendo notas de vida cotidiana y de cultura con otros seudónimos, uno de ellos es Rosita Falcón, una vieja y maestra que llegó a ser bastante popular, dicen que muchas de sus lectoras pasaditas escribían al diario o le mandaban sus pañoletas en agradecimiento. Otro seudónimo no tan popular pero gracioso era Juan González Carvallo, el tipo que descargaba en sus líneas todo su odio y repudio machista. Pero sólo Moreno logró desplazar a Forero, y cada vez más aparecía su firma en diarios como Sur o en las revistas literarias Babel y Fin de Siglo. Si bien, en 1983 Forero fundó el diario Alfonsina; Moreno escribía en él ( interesantes artículos sobre Madres de Plaza de Mayo, Dorothy Parker o Néstor Perlongher.)

Aquella entidad que al principio fue una manera de ocultamiento, un lugar seguro donde Maria Cristina podía recibir críticas sin ser la afectada, finalmente toma vida propia alrededor de un nombre que va perdiéndose en el anonimato: “firmé como María Moreno, como un ocultamiento. Pero terminó funcionando más que mi propio nombre”. Podemos imaginar ese alejamiento y luego desaparición de Forero, porque nunca la conocimos: sólo se puede ser testigo del desplazamiento de nombre y apellido en cada columna, y que más tarde termina apareciendo en libros como “El affaire Skeffington” (1992), “El Petizo Orejudo” (1994), “Vida de vivos” (2005), “Banco a la sombra” (2007), entre otros.

De María Moreno se percibe una original forma de concebir la escritura, logrando una elaborada combinación entre periodismo y narración, lo que ha logrado con el tiempo, al igual que “Forero- Moreno”, fundirse completamente. Se podría decir que Forero es la entidad periodística y que Moreno es la encargada de tejer aquellas ficciones, alrededor de entrevistas, crónicas y reportajes.

En caso de “Vida de vivos”, desarrolla la posibilidad de la entrevista como ficción, y de la verdad como una extrañeza. Intenta no sólo descubrir al entrevistado, sino que este mismo se descubra en cada irrupción de verdad: Para mí la mejor entrevista- dirá María Moreno- es aquella donde el entrevistado dice algo que no sabía que sabía y es el primero en sorprenderse. El segundo sería el entrevistador.

La entrevista se desprende del orden y uso convencional, aquella búsqueda de lo real o la verdad como fin último. Moreno nos entrega una nueva teoría de la entrevista: el juego como principio movilizador, al no preparar las preguntas- o si es posible- ni siquiera preguntar, dejar que el entrevistado se tropiece consigo mismo: Una prueba más de lo ideal para hacer una entrevista es no saber nada del entrevistado y mucho menos haberlo entrevistado antes con éxito.

Su relación con la escritura, y con la literatura comienza con el juego que partió en su infancia, las letras que aparecían frente a una pequeña cronista que observaba desde un balcón a sus vecinos: los otros. Una cronista “que todo le entraba por los ojos, aun cuando no supiera leer ni escribir”, pero que fingía hacerlo: A los ocho años tomaba un ejemplar de Fedra y lo miraba con atención. No era la de Racine sino una adaptación puerca, de una editorial ignota. Las letras del título estaban groseramente en relieve. Yo no leía esa Fedra ni nada parecido. Cuando me aburría de fingir apoyaba el ejemplar sobre mis muslos y hacía presión con el borde de la mesa. La piel me quedaba roja con la forma de la palabra “Fedra” escrita al revés. Era como un bordado o un tatuaje.

Maria Moreno hace suyo el juego, es parte de una personalidad que nació del heterónimo, la relación con el otro que también es ella, y que en sus obras está presente, a través de la ironía y un sentido del humor como resultado de una compleja sensibilidad y capacidad de capturar una atmósfera, un momento que se vuelve reflexión. En “Banco a la sombra” recorre distintas plazas y parques del mundo, pero que van volviéndose propios, una especie de novela de viajes, en la que no sólo recorre lugares y personajes, sino sus miedos y recuerdos. La cronista descubre en cada plaza un nuevo mundo, y se reencuentra con un pasado de recuerdos omitidos, una cronista paranoica en la ciudad de Taxco (México), sintiéndose cada vez más extranjera de aquellos rituales del día de muertos que no comprende: La fantasía del país extranjero como espacio propio de los muertos no es infrecuente. Esa vida cotidiana de la que uno se siente excluido hasta la invisibilidad, o al revés, en la que se hace visible sólo bajo el aspecto del turista, como si el otro estuviera viendo a otra persona y no a la totalidad a la que se suele llamar “yo”, provoca la idea de estar ocupando el lugar de la cámara, cuando, en las películas de terror, representa a los seres que vuelven.

Una relación con el otro, que explora en cada plaza, y que la vuelcan hacia un espacio interno. La obligan a sentirse ese “otro”, y es lo que termina descubriendo el lector una vez que lee a Moreno en la ficción. Una forma escurridiza de mostrarse al público, pero siempre tentadora. Para conocer a Cristina Forero hay que leer a Maria Moreno, reconociéndola en cada otro de su ficción. Ya lo había confesado en la introducción de “Vida de Vivos” cuando retrataba sus primeros intentos de crónica y de espionaje infantil: Definitivamente me gustaba “lo otro”. Y que más tarde, ese apellido Moreno se transformaría en una forma de desprenderse de la autoría del texto: Siempre hubo una idea de no reconocimiento, de construir algo exterior a mí, sin posibilidad de autoría.

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