Mesa Redonda “Crónica Fútbol: relato de cuando la vida rueda”

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“ En esta tercera actividad 2008 de la Cátedra Bolaño, se logró una interesante conversación junto a Juan Villoro, André Chermont y Francisco Mouat, tres hinchas connotados que reflexionaron sobre las relaciones entre el fútbol, la vida y literatura. Instancia que no hubiera sido posible sin la participación de la Embajada de México y la Embajada de Brasil”

La Mesa Redonda del pasado15 de Mayo fue conducida por Alejandro Zambra, Colo-colino de corazón, quien dio el primer pase a André de Chermont, agregado cultural de la Embajada de Brasil, fanático del Fluminense y del cronista y dramaturgo Nelson Rodrigues, a quien dedicó sus palabras:
“Creo que vale la pena representar en esta mesa a Nelson Rodríguez. El gran autor de la crónica futbolística en Brasil. Nelson Rodríguez es una figura superlativa, enigmática. Una figura que trasciende la literatura en Brasil y, por otro lado, un hombre que tuvo una vida muy especial y particular: su vida fue una pieza de teatro”.
Este cronista es poco conocido, ya que ninguna de sus obras- según Chermont- están traducidas al español, pasando a ser un “fantasma” de la crónica futbolística latinoamericana. Pero no sólo resaltó su papel como cronista, sino también como el dramaturgo: “diría que es uno de los dramaturgos más importantes de lengua portuguesa. Escribió 17 piezas de teatro, cada una dueña de una historia de escándalos, censura y confusiones.
Nelson Rodrigues personifica dos grandes enigmas, según el hincha, el primero es que éste uno de los escritores más importantes y populares en Brasil, escritor de una obra ahora inmortalizada en telenovelas, pero, es absolutamente desconocido en el extranjero: “¿Porqué Nelson Rodrigues es tan conocido dentro de nuestras fronteras y no fuera de éstas? Para comprender la crónica futbolística de Nelson Rodríguez hay que comprender primero su relación con el teatro: el teatro, la crónica y Nelson son indisociables. Éste consideraba a la crónica futbolística una especie de variante del teatro. El contenido dramático de la crónica es el alma del texto.
Nelson empezó a escribir crónicas semanales en 1955, y años más tarde comenzó a dramatizar la crónica a través de la creación de sus personajes de la semana. Con esto dejó de lado el relato de personajes reales. Creando personajes ficticios. Su justificativa: “Adolfo Block sugiere que yo escoja un personaje de cada semana. Es una buena idea y considerable ventaja para unir el fútbol al teatro. Para los tontos no existe la menos relación entre una cosa y la otra. Ilusión: sí existe. El fútbol vive de sus instantes dramáticos, y un partido sólo adquiere grandeza cuando ofrece una teatralidad auténtica. Pude ser un partidito, pero si hay dramatismo, este crece desmedidamente” Lo que le interesa a la imaginación popular es el jugador-personaje, es decir aquel que presenta una nítida condición dramática”
André Chermont, finalizó con el desfile de algunos de los jugadores-personajes que hicieron tan reconocido al cronista Nelson Rodríguez, como: Adoquín de Alduquerque, El Corbatita, El sobrenatural Almeida, etc.
El segundo pase de esta mesa redonda fue para Francisco Mouat, profesor de la UDP, escritor de varios libros, entre ellos “Nuevas cosas del Fútbol”, y considerado un fiel chuncho de corazón azul. Partió la conferencia reconociendo su compartida admiración por Nelson Rodríguez y Rubén Braga (también cronista brasileño): “Nelson Rodrigues tiene una mirada trágica de la vida como dramaturgo, como cronista, antes de morir. Creo que Braga y Rodrigues deben ser leídos en español, así que hay ahí una tarea pendiente de traducción.”
Pero Mouat quería hablar de su amor incondicional por la U, y de aquellos momentos atesorados con particularidad en su memoria de aficionado:
“Hace un tiempo fui al estadio a ver un partido de semifinales, jugaba la U con Huachipato en el Estadio Nacional. Salá era el entrenador de Huachipato, Gustavo Huerta era el entrenador de la U, y sucedió algo increíble: la U ganó 6-1. Fue una boleta extraordinaria. Yo estaba en la Galería, con mis hijos José y Francisco, en que el tablero marcador decía 6-1 y yo les dije a mis hijos, invadido por la emoción: “¡niños miren ese tablero, atesoren ese momento!” Una imagen inolvidable, pocas veces visto en el fútbol chileno.
Volvimos a la casa, por supuesto no hablamos de otra cosa durante un día, y en la noche siguiente, José, que tenía en ese momento 8 años, me pidió lo acompañara a dormir y lo acompañé. No se quedaba dormido, después de un rato me dice:
-papá ¿sabes lo que estoy viendo?
-¿qué?
-El tablero marcador
Y ese recuerdo, ese momento lo atesoro y no lo puedo olvidar. Uno podría empezar a enumerar una cantidad impresionante de episodios y para los fanáticos del fútbol estos deben ser una batería de pequeños momentos. El fútbol entre otras cosas está hecho de fogonazos, de instantes fugaces, como son en general todos los episodios felices de nuestra vida y también los amargos.
Son pequeños recuerdos que van de algún modo fraguando nuestras crónicas, las van mojando, yo he escrito sobre mis anécdotas pero también he leído mucho”.
Mouat rescató del libro de Galeano “El Fútbol a sol y sombra”, un texto de Soriano. Una carta que él le manda a Galeano y que la transcribe textual:
Querido Eduardo:
Te cuento que el otro día estuve en el Supermercado Carrefull, donde antes estaba la cancha de San Lorenzo. Fui con José San Filipo, mi héroe de infancia, que fue goleador de San Lorenzo 4 veces seguidas. Caminamos entre las góndolas rodeados de cacerolas, quesos y chorizos. De pronto cuando llegamos a las cajas. San Filipo se abre de brazos y me dice: “pensar que acá se la calvé de sobre pique a Bocca”. Se cruzó una gorda que arrastraba un carrito lleno de latas, bifes y verduras y dice: “Fue el Gol más rápido de la historia
”.
“Es notable-dice Mouat- esa capacidad para inmortalizar un suceso que todos sabemos que es mentira, pero que queda fijo en la crónica y todos creemos y asumimos como una verdad: “El gol más rápido de la historia”.
El hincha de la U, aseguró su pase a Juan Villoro haciendo la recomendación de” del ensayo Los Goles y el Tiempo: “En este ensayo Villoro hace la mejor reflexión sobre la vinculación del fútbol y el cronos. Cómo los 90 minutos de tiempo que dura un partido son también en sí una vida y el pitazo final la muerte, y vamos así a otra historia: a renacer.”
Juan Villoro se arrimó e hizo público su entusiasmo por Nelson Rodríguez: “Los que escribimos de fútbol, como Francisco Mouat y yo, en el continente, hemos sido cazadores de libros muchas veces dispersos. A Nelson sólo lo pude leer en fotocopias, y cité algunos párrafos en mi libro “Dios es Redondo”, que traduje y me encanta esta intuición necrológica que éste hace: “nadie puede faltar al Maracaná el Domingo e incluyo a los fantasmas a la convocatoria. La muerte no exime a nadie de sus deberes con el Club”. Es una buena descripción del amor constante que más allá de la muerte puede suscitar un club de fútbol.
La vinculación del fútbol y la palabra es absolutamente necesaria Pocas cosas pueden ser tan apasionantes para el aficionado de fútbol como comentar las cosas que ha visto; o, goles que pueden durar muy poco en el campo, se pueden alargar en la memoria y en la discusión. El hecho de contar el partido es tan importante, como el hecho de verlo. Y esto ocurre no sólo a partir de lo que dicen los cronistas, sino también a partir de los rumores. Las tertulias, las discrepancias con las que vamos agregándole detalles a la realidad.
El fútbol ocurre siempre dos veces: en el campo y luego en la mente de los aficionados, que atesoran las jugadas: las distorsionan o tergiversan. Y en ocasiones hay lances que se discuten durante décadas, sin que la pelota termine de entrar a la portería.
Yo creo que este principio rector del fútbol, de asociarlo con la palabra, tiene en todos y en cada uno de nosotros alguna fundación mítica. En mí caso el descubrimiento tuvo que ver con un cronista Mexicano, al que debo rendir tributo, que se llamaba Ángel Fernández , que fue un hombre extraordinariamente lúcido y divertido, que logró hacer que el partido más aburrido del mundo se transformara en la guerra de Troya.
Él se desentendió de la realidad y empezó a narrar partidos imaginarios, podía ser un 0-0 tediosísimo, pero el gritaba como si estuviera narrando una gesta épica, contaba la vida de los jugadores, recitaba letras de corridos. Era además un tipo muy culto, pasaba de lo popular a la poesía de Fernando Pessoa. Y así iba trazando un partido que en realidad dependía mucho de lo que él decía. Para mí ese fue el descubrimiento de que las palabras no solamente son descripciones utilitarias de lo real sino que pueden agregarle algo a lo que estamos viendo. Por ejemplo un hábil jugador debutaba en el América y tenía por nombre Cristóbal. Daba un gran partido en su debut en el estadio Azteca, y al término del partido decía Ángel Fernández: “Señoras y señores, hemos vivido en el error: América descubrió a Cristóbal”. O sea, el descubrimiento de América se revertía para que nosotros lo viéramos de esta manera (…)
El bautizó a equipos enteros, a las Chivas rayadas del Guadalajara, les puso “El rebaño sagrado”, después de haber ganado varios títulos. A “Los cementeros del Cruz Azul”, le parecía un nombre muy pesado-el nombre de una cooperativa que producía cemento- y cuando tuvo al gran jugador chileno Alberto Quintano, o al argentino superman Marín en la portería, y a otros jugadores significativos, les puso: “La máquina celeste”.
Entonces obviamente Ángel Fernández fue poblando nuestra infancia de estos apodos, bautizando al estadio Azteca como el “Coloso de Santa Úrsula”, porque se ubicaba en el barrio santa Úrsula.
Tenía una serie de muletillas extraordinarias, algunas tomadas de letras de corridos, por ejemplo venía un jugador muy engallado, con ganas de pelear incluso con algún otro jugador, Ángel decía: “Ahí viene cornero, echando mano a sus fierros como queriendo pelear”- una frase de un corrido mexicano. Y también tenía una enorme capacidad para el disparate, por ejemplo la cámara enfocaba la camiseta de la selección Soviética con aquellas iniciales que eran CCCP, iniciales de la Unión de República Socialista Soviética. Entonces él decía: “ustedes se preguntarán qué quieren decir esas siglas, es muy sencillo: Cucurrucucú Paloma” Y luego en un partido contra Brasil, dijo: “han cambiado las siglas, ahora quieren decir: cuidado, cuidado, con Pelé.”
Obviamente lo que él hacía era reinventar el juego en otro y a muchos aficionados nos acostumbró a esa dimensión mágica del juego.
El Fútbol tiene secretos y enigmas que piden ser narrados. No todas las cosas que pasan en la cancha, pasan de manera evidente. Si no ocurrieran estos enigmas, quizás no requeriríamos de la Palabra. Y sin embargo, muchas cosas que hemos visto cobran otra dimensión al ser descritas. El fútbol está lleno de picardías que en ocasiones surgen de los propios protagonistas del juego.
Muchas cosas que suceden en el campo, suceden para ser descritas. Y esto tiene que ver no solo con el hecho de reunir placeres o agravios evidentes, todo aficionado a sufrido lo suyo en los partidos y de alguna manera quiere acomodar las emociones a través de la palabra. Pero al mismo tiempo hay jugadas enigmáticas que en rigor, no son ni buenas ni malas, jugadas que piden ser explicadas y que reclaman el sentido de la narración. La información es la articulación objetiva de los datos, la información nos dice quién metió el gol y qué pasó. Pero no nos dice las causas. No nos dice la vida secreta que ha ocurrido ante nosotros, para eso tenemos que pasar de la información la narración. Entonces hay jugadas que reclaman ser contadas de esa forma.
Que un futbolista como Palermo se enfrente en la Copa América representando a la selección de Argentina contra Colombia, falle un penalti y luego se produzca un segundo penalti, tenga el valor de pedir una pelota para volver a tirarlo, es algo bastante singular. Que falle ese segundo penalti es una pésima noticia, mala suerte, probablemente la causa de insomnio que tendrá por la pérdida de la reputación. Pero que se produzca en el partido un tercer penalti, que él vuelva a pedir la pelota, la tire y vuelva a fallar: eso ya es literatura. Eso reclama una explicación más allá de la estadística, más allá del juego.
Yo creo que por eso hay tantas y tan profundas crónicas de Fútbol. Tengo la noción de que la novela se presta menos para este tipo de género, aunque haya algunas y muy buenas. Pero sería difícil una novela que transformara el género de la novela a partir del fútbol, porque el fútbol llega ya muy codificado, muy narrado: En sí mismo incluye su propia novela. En cambio se presta mucho para la crónica, porque la crónica precisamente se encarga de reunir este mundo que llega tan codificado con sus rivalidades, con sus enigmas, mitologías, supersticiones y trata de ordenarlo a través de las palabras. Creo que es en la crónica donde ha prosperado mejor la relación entre fútbol y literatura, explorando estas partes que son secretas del juego, y en ocasiones íntimas (…)
¿Por qué durante mucho tiempo se consideró un desdoro que un escritor se rebajara a escribir sobre fútbol? sin embrago, el fútbol es la pasión mejor repartida en el planeta, yo creo que para conocer un momento de la vida, de una época, no hay mejor manera que conocer qué es lo que le interesa a la gente. Y este interés pasa por el fútbol, si no indagamos en las pasiones del fútbol, nos vamos a perder de conocer qué es lo que comporta la pasión mejor organizada del planeta. Esa es la sangre que hace hervir al cronista, la fiebre que le entra, lo aparta de la fría descripción intelectual y lo convierte en fanático. Creo que sólo se puede escribir de fútbol si eres un escritor a partir de la afición, no así el que pretende desentrañar los misterios científicos de las formaciones y alineaciones. Sino los que exploran la pasión y la sienten.”

Al terminar Villoro leyó el cuento de uno de los cronistas más jóvenes de México, Rodrigo Navarro Morales, que a sus 7 años describía su visión del universo a través de la pasión futbolística, que Villoro consideró excelente ejemplo para despedir la conferencia con un buen gol: “En el principio Dios iba a la Escuela y se proponía jugar al fútbol con sus amigos hasta que llegaba la hora de irse a sus salones. Aunque Dios sabe muchas cosas, quiera aprender más y hacer cosas nuevas. Un día Dios dijo: hoy trabajé mucho, es hora de ir al recreo. Dios y sus amigos se pusieron a jugar fútbol. Y Dios chutó tan duro la pelota que cayó en un rosal y se ponchó. Al explotar la pelota se creó el universo y todas las cosas que conocemos.”

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